Con la celebración del Domingo de Ramos damos comienzo al inicio de la Semana Santa, que culminará con la muerte y la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Una razón más que indicada para tener una nueva cita con La Biblia. (https://eluminoustechnologies.com)
Sin necesidad de viajar en el tiempo, al año 33 D.C., estos días veremos a Jesús entrar en Jerusalén para que se cumplan las Sagradas Escrituras, y por el amor y la entrega de una persona todos los hijos e hijas de Dios se salven. Y contemplaremos como un puñado de personas con el corazón endurecido no podrán reconocer al Hijo de Dios y se confabularán para darle muerte. Y, si estamos atentos, escucharemos a Jesús que en el Huerto de los Olivos nos pide que no nos durmamos y que oremos por él. Que, por esas horas, va a necesitar que lo ayudemos a cargar, un trecho del camino, la Cruz. Además, aprenderemos que más que con la palabra se evangeliza con el ejemplo. Es decir, que, aunque ostentemos una alta condición social o tengamos un título académico rimbombante, estamos llamados a servir al prójimo. A ayudarnos mutuamente. Estamos a punto de vivir y celebrar una nueva Semana Santa. Que una cita con la Biblia sea parte de ella.
Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones.
Isaías 42,1.
El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra».
Isaías 49, 6.
Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros.
Isaías 53,6.
Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque es espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».
Evangelio según san Marcos 14,38.
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados.
Evangelio según san Mateo 26, 27-28.
«Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
Evangelio según san Lucas 22, 42.
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.
Evangelio según san Juan 13, 12-15.
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