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Meditación del día 19 de abril

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Juan 20, 11-18

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”.
Jesús le dijo: “¡María!”. Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir “¡Maestro!”.
Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'”.
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras

¿Por qué lloras?

1) Llorar: En María Magdalena vemos a esa persona que siente que lo ha perdido todo, que ya no tiene esperanzas. Está con las manos vacías y encima le robaron a Aquel que no la juzgaba, y encima, Aquel quien le dio dignidad. Hoy hay muchas personas que tienen lágrimas en sus ojos porque le robaron la vida, las ilusiones y es como que están con las manos vacías. Hoy hay muchos que están llorando porque alguien les quitó el sentido de vivir.

2) No lo reconoció: Jesús aparece en todo momento, pero nos cuesta reconocerlo, como a María Magdalena. Hay momentos en los que no reconocemos a Jesús, pero te aseguro que Él está. Solo con el tiempo y el corazón se lo va a poder reconocer. Hoy te invita Dios a tener fe, porque esa fe es la que te puede devolver la vida y el amor a las cosas. El sentido de vivir muchas veces no es reconocible a los ojos.

3) Anuncia: María vive esa alegría y la lleva a anunciar. Reconoce a Jesús y ese reencuentro la aviva y la hace ser y sentir misionera. Pienso en cuántos tenemos que reencontrarnos con Jesús, porque nos hemos arrutinado en esta vida cristiana. Nos hemos achanchado y ya ni salimos a anunciar. Ya no le ponemos garra a nuestra tarea pastoral y hasta somos medio mala onda para llevarlo a Jesús. Hoy pidámosle a Jesús reencontrarnos con Él para anunciar que la Vida está viva. Hasta el cielo no paramos


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