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Meditación del día 1 de mayo

por Pbro. Luis A. Zazano
0501 Juan 21,1-19-FB

Evangelio según san Juan 21, 1-19

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Ellos respondieron: “No”.
El les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”.
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: “Vengan a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres”, porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. El le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.
Le volvió a decir por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. El le respondió: “Sí, Señor, sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”.
Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”.
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: “Sígueme”.

Reconocerte

1) Las preocupaciones: Esto nos atormenta. Hay momentos en los que nos sentimos cansados físicamente, porque el laburo nos aprisiona y cuántos llegan a tener dos trabajos, porque si no, no llegan a fin de mes. Pensar también en aquellos que tienen el trabajo del hogar y hasta desean tomarse vacaciones del cónyuge y de los hijos porque el mismo cansancio atormenta. El cansancio psicológico que hace que todo el tiempo te estés maquinando los problemas en tu cabeza y no les podés encontrar solución. Te satura tanto que hasta te acostás o encerrás para no hablar con nadie. Hasta esquivas personas porque solo escucharlas te satura. Está incluso ese cansancio espiritual producto de vivir una religión de cumplimiento, de normas o hasta incluso ese ir a misa pero sin buscar lo espiritual propiamente, llegando a solo lograr que te vean en misa o que te vean rezando. El síndrome de que te vean en lo espiritual es complejo y cansa, porque es llegar a una religión sin espiritualidad y eso es peligroso, incluso para un cura o una monja, porque si no vivirá hasta la misa como puesta en escena y no como un encuentro íntimo.

2) Dejarse guiar: Ante este cansancio de los apóstoles porque buscan la forma de pescar, aparece Jesús. Él indica y muestra por dónde ir y lograr resultados ante tantos fracasos. Jesús busca ayudarte en esta vida. Si buscas todo por tu propia fuerza, te terminarás agotando y amargando. No dejes de buscar a Jesús y déjate guiar por Él, aunque sientas el fracaso y el dolor, date una oportunidad más. Métete en vos y escucha la voz de Dios. Sé que es difícil pero hacé el intento, cálmate y calla para escuchar. Reconoce que no todo lo podés resolver vos. Cuando te dejes guiar por Dios en tu vida, entonces allí reconocerás al Señor.

3) ¿Me amas?: Hoy Jesús te hace a vos esa pregunta. Si lo amas y si lo querés. Porque amar y querer no es lo mismo. Amar es darse y querer es tener, es adquirir. Ese es el proceso espiritual en uno. Aprender a amar para saber que seguir a Jesús escapa a lo pasional y afectivo, porque te genera un estilo de vida. Y quererlo para saber que solo el cielo y Él son tu recompensa, tu plenitud y felicidad. Porque en este mundo irás viendo que no podrás tenerlo todo, pero que con el tiempo descubrirás que lo sobrenatural te ayudará a encontrar ese Todo y ese Todo lo lograrás cuando sepas vos mismo quién sos y qué es lo que querés con Dios en vos. Hasta el cielo no paramos.


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