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Meditación del día 3 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano
0803 Mateo 15, 21-28-FB

Evangelio según san Mateo 15, 21-28

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”.
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”.
Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”.
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”.
Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”.
Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”.
Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”. Y en ese momento su hija quedó curada.

El proceso orante

1) Gritar: Es la primera actitud orante que usa esta mujer del evangelio. Ella grita. Él no responde nada. ¡Cuántas veces a vos y a mi nos pasa esto! Vos y yo gritamos y nada. El grito es la actitud de alguien desesperado, que no puede. Son los últimos manotazos de la vida. Hoy ¿gritas? ¿Qué le gritas a Dios? Sé que hay algo que te tiene preocupado y loco… y también sé que lo venís siguiendo a Dios y gritando. No dejes de gritar, porque desde el cielo te van a ayudar. Seguí, seguí, volvelo a Dios un poquito sordo para que te sane. Pégate a su oído (el sagrario) y pedile que te sane, que te cure, que te alivie. (williamricedental.com)

2) Postrarse: Es el abandonarte a sus manos. Es unir humildad y confianza. Alguien a quien recuerdo en esto es a san Juan Pablo II, rezaba así, postrado, sabiendo que él era nada y que Él, Dios, era todo. Tírate a las manos de Dios para que Él te levante y sane.

3) Respuesta de fe: Es la respuesta de esta mujer, que sorprende. Quien tiene fe es un gigante en esta vida. Me pongo a pensar en los que pudieron con la fe superar hasta el campo de concentración. Pienso en aquellos que superaron las peores calamidades a través de la fe. Y pienso en vos que, aunque no te conozca, sé que me escuchas. No te conozco, pero sé que con tu fe vas a salir adelante. No sé si es grande o chiquita, pero con solo saber que tenés fe, sé que podrás. Hasta el cielo no paramos.


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