Evangelio según san Lucas 6, 1-5
Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.
Algunos fariseos les dijeron: “¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?”.
Jesús les respondió: “¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?”.
Después les dijo: “El hijo del hombre es dueño del sábado”.
El hombre es más que las leyes
1) El hambre: Representa la necesidad, es lo referente a las carencias. Hoy hay gente alrededor tuyo que te necesita y vos les podés aliviar, pero por cumplir o quedar bien muchas veces no lo haces. Las leyes son para ayudarnos a crecer como persona, no para deshumanizarnos.
2) Los fariseos: Observan y juzgan. No ven la necesidad y la carencia del otro sino más bien ven al otro como cumplidor o no de la ley. Es decir que ve a la persona en referencia a las leyes religiosas y no a la situación que vive la persona. Por favor, no seamos curas o monjas fariseos. La gente necesita a Dios y nosotros no se lo damos por ciertas leyes que nosotros mismos nos creamos. Cuántos comprometidos de la vida eclesial marcamos leyes para llegar a Jesús. Hay veces que agradezco que no hay policía eclesiástica, porque si no varios estaríamos en la cárcel.
3) El Señor: Nos muestra que su grandeza es que ve al hombre en toda su integridad. Nos hace ver que vos y yo tenemos que ponernos los anteojos sobrenaturales y aprender a ver a la persona que está frente a mí con toda su integridad. Te aseguro que muchas cosas cambiarían si uno viera a las personas desde su historia y desde su circunstancia. Hasta el cielo no paramos.
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