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Meditación del día 17 de marzo

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Marcos 12, 28b-34

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?».
Jesús respondió: “El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor;
y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas.
El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos”.
El escriba le dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él,
y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”.
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

El mandamiento principal

1) Escriba: Para que tengas idea del contexto: hay una retirada sumisa y silenciosa de los que se burlaban de Jesús porque Jesús les venía tapando la boca con sus enseñanzas y sus acciones. Pero en medio de esto aparece un único tipo sincero, un hombre que solo buscaba la verdad. Hay veces que entras en discusiones tontas o sin fin y mi pregunta es “¿vale la pena discutir tanto con alguien que capaz no quiere cambiar?” Porque capaz que la discusión no pasa por defender o buscar la verdad, sino por discutir posiciones o ideologías. Deja de perder el tiempo en discutir con alguien que sabes que no va a cambiar y que no está abierto a descubrir la verdad. La gente que te busca la lengua, y te ataca por atacar o porque le movés el piso, con el tiempo se va, pero la gente que busca la verdad de la vida, esa persona te irá de frente y dialogará para encontrar juntos la verdad, con mucho respeto. Quédate con aquel que reflexiona y busca vivir y no te quedes con aquel que se cierra en discusiones y no deja vivir porque juzga tu vida.

2) Lo importante: En aquel tiempo el judaísmo puso un número exagerado de imposiciones y prohibiciones que impedían ver con claridad lo realmente importante. Hoy nos pasa lo mismo como Iglesia, como sociedad y como seres humanos. Te metes y te meten en la cabeza millones de cosas que te llevan a olvidar lo fundamental: “vivir la vida”. Deja de estar atolondrándote de tantas cosas y viví. No podés generarte un sin fin de cosas mirando cómo se te empieza a ir la vida.

3) El amor: Solo el amor a Dios hace posible el amor al próximo. Pero solo en ese amor al prójimo se puede mantener el amor a Dios. La esencia de todo es que ames a la Vida (con mayúsculas). Es ahí cuando le descubrís el sentido a lo que haces y por quién lo haces. El amar esto que vivís y que te toca, el amar a este Dios que te anima a vivir es lo que le da sentido a tu hacer y hasta incluso a tu propia religión. Amar es aceptar, amar es enfrentar, amar es llorar, amar es liberar y amar es darlo todo sin pedir nada. Algo bueno está por venir.


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