Aquí estoy en tu divina presencia, Jesús mío. He venido, Señor, porque me llamaste.
Tu presencia real en la Sagrada Eucaristía es el eco de tus palabras: «Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.» (Mateo 11, 28). Aquí vengo, pues, como enfermo al Médico, para que me sanes y como pecador al Santo, para que me santifiques.
Vengo aquí a buscar refugio. Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra; el mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad, turbado y lleno de temor e inquietudes… Vengo a Ti que eres la Verdad eterna, el único Camino de la felicidad, Vida y Santidad de las almas. (Clonazepam)
¡Dame luz, Señor! ¡Que te vea presente en el Sagrario con los ojos de la fe; y que mi corazón beba hasta saciarse de la fuente del Amor divino que brota de tu Corazón Sacramentado! (themostlysimplelife.com)
Amén
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