Evangelio según san Juan 15, 18- 21
Jesús dijo a sus discípulos:
«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí.
Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.
Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes.
Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»
Conocer es encaminar hacia
1) El mundo: Implica este acelere de vida. El predicar a Jesús hoy también implica que te rotulen, te critiquen y hasta te calumnien. Algo que siento que nos pasa hoy es que nos ponen a todos en la misma bolsa. Basta que diga que soy sacerdote para que digan muchos “ah son pedófilos”; o que seas de la parroquia para que digan “perteneces a esa institución que está llena de dinero”. Claro que es triste y doloroso, porque si bien mostramos todo lo trabajado y sanado, porque hay que aceptar que también como Iglesia (institución) cometimos errores, parece que no basta en este mundo. Pero hay que recordar que estamos para agradar a Dios y no a este mundo, porque si Jesús, siendo Dios, tenía gente que lo criticaba y destruía, cómo no lo van a hacer con vos o conmigo.
2) Los elegí: Es tu vida espiritual lo que te cambia. Es tu mirada de la vida lo que te hace distinto o distinta. Es tu actitud ante las dificultades la que te cambia. Es tu forma de poner esperanza a cada día lo que te hace pleno, pero te lleva a ganarte también enemigos. Es por eso por lo que, aunque te tiren palos, te invito a seguir; y si te equivocas, pedí perdón, pero seguí. No dejes que nada ni nadie te detenga, porque en este mundo buscarán detenerte o por ser distinto o por envidia. Pero aquí jugátela, porque tenés el amor de Dios y si hay algo que debes recordar siempre es tu experiencia de fe. Trata de volver siempre a aquella vez que sentiste algo interno que te movió. Volvé a ese primer amor.
3) Conocer: Este amor a Dios te hace crecer en el conocimiento de Él, porque nadie ama lo que no conoce. Es por eso que siempre te invito a que leas la palabra de Dios, que visites al Santísimo, que no dejes el Rosario o la formación con el catecismo o con lectura espiritual. No dejes de conocer a Dios, porque el conocerlo es algo dinámico y no estático. Cuando inicias el camino de conocerlo nunca terminas. Yo día a día estoy aprendiendo a conocer de Jesús y esto me enamora más de Él, aunque no te niego que en cada caminar hay más piedras grandes, que lucho por no tropezar, porque las tentaciones y las piedras están. Pero si me tropiezo y caigo, ayúdame a levantar, porque no puedo solo. Porque yo también te voy a ayudar. Esta es la diferencia que tenemos vos o yo con el mundo: al que cae se lo termina de matar. En cambio nosotros, los cristianos, vamos a levantarlo y lo vamos a ayudar a resucitar. ¿Te prendes a esta experiencia, a esta actitud? Algo bueno está por venir.
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1 comentario
Muy atinada y profunda la meditación, que mucho agradezco. Es un nuevo y excelente aliento para proseguir dando testimonio ante el mundo. Mi afecto person al. Ernesto.