Evangelio según san Juan 17, 11b-19
Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
“Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.”
Seamos uno
1) Cuídalos: El cuidado de Dios vuelve a aparecer, saber que pasamos momentos duros y tentadores. Por eso no dejes la oración y aférrate a Él porque siempre habrá gente de este mundo que buscará hacerte daño. El mismo Jesús lo dice, sé prudente pero también sé astuto porque la gente del mundo no juega con las mismas reglas que nosotros, que es el Evangelio. Levanta la mirada y seguí para adelante pero no te olvides que mientras estás en este caminar cristiano habrá muchas trampas ocultas para hacerte caer, pero Jesús va con vos. No aflojes. No bajes los brazos. Sé astuto y prudente.
2) Sean uno: Creo que este punto de la unidad es el tema en el cual seguimos flojos, tanto dentro de nuestra Iglesia, como en nuestra relación con otras iglesias. Es saber que Jesús nos invita a estar unidos y no uniformados. La uniformidad es buscar que todos seamos iguales, a eso no se refiere Jesús, sino que seamos unidos. Una tentación que tenemos es que queremos que todos sean iguales a mí o que exista la ley del césped “a aquel que sobresale un poquito se lo corta”. ¡No! Lo que propone Jesús es que aceptemos nuestras diferencias y aprendamos a caminar para adelante, sin competencia, porque caminamos todos hacia la eternidad. Todos queremos y tenemos que llegar al Cielo.
3) Consagrados en la verdad: Viví en la verdad y aprende a saber que las cosas en esta vida se presentan para aprender y que no podés mentirte de un pasado o de fantasías que no existen. La única verdad es la realidad, pero la tenés que aceptar como es y asumir como es. Desde esa realidad asumida y aceptada se puede lograr muchas cosas en tu vida y en la de los que te rodean. Viví en la verdad y pon a Dios en esa verdad, así ¡cambiará todo! Algo bueno está por venir.
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