Evangelio según san Mateo 12, 1-8
Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.
Al ver esto, los fariseos le dijeron: “Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado”.
Pero él les respondió: “¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?
¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?
Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.
Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.
Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado”.
Lo que se permite y lo que me permito
1) El legalismo: Es la actitud que muchas veces usamos los que estamos metidos en las cosas de la Iglesia. Nos basamos más en el Código del Derecho Canónico que en el Evangelio. Es allí cuando nos convertimos en policías de la Iglesia, más que en testigos de Cristo. Por eso, mira a tu hermano con la mirada de Jesús y no con la del inciso, la del código.
2) Servir a Dios: Es con tu servicio de corazón donde crece tu fe; y a su vez, tu fe crece en ese servicio de corazón. Y entonces tu accionar es producto de esa actitud de enamoramiento y encuentro con Jesús. No tengas miedo de servir con amor, aunque otros te cuestionen y te pongan palos.
3) Servirse de Dios: No caigas en esto, pues el diablo es muy astuto y toma esa tentación sutil de meter a Dios en lugares y cosas donde no está, haciéndonos creer que lo servimos, cuando en el fondo es solo nuestro narcisismo. Serví a Dios, sin servirte de Dios. Algo bueno está por venir.
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