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Meditación del día 18 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Mateo 19, 3-12

Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”.
El respondió: “¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;
y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?
De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
Le replicaron: “Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?”.
El les dijo: “Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.
Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio”.
Los discípulos le dijeron: “Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”.
Y él les respondió: “No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.
En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!”.

Dureza de corazón

1) Ponerlo a prueba: La vida también te pone a prueba. Es esa lucha constante y cotidiana en donde la clave es aprender. De las pruebas que nos pone la vida aprendemos y sacamos conclusiones para seguir viviendo. La universidad y la vida tienen dos cosas iguales y una distinta: la universidad es un lugar para aprender; en la vida también estás para aprender, no naciste sabiendo.  En la universidad se te pone a prueba para seguir, en la vida también. Ahora bien, la diferencia es que en la universidad primero se te enseña y luego se te pone a prueba. En la vida es al revés: primero se te pone a prueba y de allí se saca la enseñanza.

2) El amor: Recordá que la clave del verdadero amor es que haya libertad plena y consentimiento pleno. Es por ello que, cuando te vas a casar, el sacerdote pregunta antes de la toma de juramento si sos libre. Hay veces que no somos conscientes de lo que hacemos y no somos libres, porque nos dejamos llevar. Una crisis que vivimos hoy es el miedo a lo eterno, a esto de «para toda la vida». Y claro que la vida matrimonial es difícil, totalmente. Como la vida sacerdotal también es difícil. Hay dos tentaciones fuertes que afectan a estas vocaciones: la rutina (el todo lo mismo, el todo igual) y el activismo (llenarte de cosas para no asumir y no ver la realidad). ¿Cuál de las dos está afectando más a tu vida?

3) La elección: Es bueno hacer un parate y preguntarte qué es lo que vos querés para tu vida verdaderamente. Fíjate si estás siguiendo tu interior o solo vivís para quedar bien con los demás. La dureza de corazón es poner solo la mirada en vos sin mirar el todo. Hoy Dios te invita a vivir.  Algo bueno está por venir.


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