Evangelio según san Lucas 17, 11-19
Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.
Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia
y empezaron a gritarle: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”.
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Y en el camino quedaron purificados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: “¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”.
Y agregó: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.
Leprosos de la vida
1) La lepra: Era una enfermedad que te excluía de la sociedad, de la religión y hasta de tu familia. Hoy también existe la lepra social e institucional, por la cual, cuando la gente te señala con el dedo por un error que cometiste te dejan solo y hasta te consideran el impuro. Cuántas veces te habrá pasado que mucha gente te dejo de hablar por comentarios que alguien hizo de ti. Hasta incluso amigos muy cercanos se alejaron de vos y ya ni se acercan porque alguna persona dijo que vos eras sospechoso de algo. Durante años yo también me sentí leproso en mi sociedad y hasta incluso en mi institución católica. Allá por el 2017, cuando tuve mi tiempo de crisis y dejaba de ser el cura exitoso o preferido o cercano al obispo, me llegaron a bloquear el celular. Incluso recuerdo un amigo que me dijo “por favor no me escribas más, solo trabajo con sacerdotes que son puros”. Ahí entendí que de un día al otro vos podés ser un leproso por lo que nadie se te acerca y ahí es donde sentís la soledad.
2) Curar: La cura empieza en la lepra, porque es ahí donde comprendes quién es quién, asumís quién te suelta la mano y quién trata de sanarte.
Querido amigo o amiga, para sanar las heridas es necesario dejarlas al descubierto. Como diría mi madre “para que la herida sane no hay que taparla”. No tapes tus heridas porque si no, nunca sanarás. El proceso de cura implica reconocerte enfermo. Es necesario aceptar que hay heridas por sanar y enfermedades que curar. Pedí a Jesús que te cure el enojo o la bronca que te deforman la mirada de la vida. Pedí al Señor que te ayude a sanar las heridas de las personas que te lastimaron y te generan tanto rencor. Para sanar es necesario aceptar y para aceptar es primordial asumir. Hoy el primer paso que debes hacer es reconocer que estás enfermo, pero lo lindo es que para esto sí hay cura.
3) Levántate: Hoy te animo a que te levantes. No sé lo que te hicieron ni cuántos se alejaron de vos y de tu vida. Levántate porque tienes vida y, mientras tu corazón late, tienes oportunidad y también futuro. No dejes de recordar que si estuviste siendo leproso para muchos esto ha llevado a purificar tu vida de los que son tus verdaderos amigos para los que no lo son. Pero levántate porque hay mucha gente que está por conocerte y para que vos lo ayudes desde el testimonio que tenés para dar. Aprendí que para ser un buen guía espiritual, para ser un sacerdote que pueda ayudar a otros, hoy necesita la humanidad de un sacerdote herido, que se reconoce sus pecados, que se reconoce lastimado y herido, pero con Cristo redimido y resucitado. ¡¡¡Levántate !!! Algo bueno está por venir.
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1 comentario
Excelente!!!!