Evangelio según san Marcos 2, 13-17
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían.
Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?”.
Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Jesús enseña para que vos enseñes
1) Enseña: No tiene pereza Jesús de enseñar. La gente está necesitada de Dios, y Él no tiene problemas y enseña. Nuestra religión es tan rica que tiene explicación a todo: existe la teología, el catecismo, escritos de santos, actas de los mártires, vidas de santos, escritos de los papas, etc. Tenemos tantas cosas. Muchas veces nos quedamos por perezosos con lo justito, pero tenés una amplitud. Pero si querés conocer más de las cosas de Dios, métete que hay mucho… Avócate. No dejes que la pereza te cierre. Aprovecha las vacaciones para leer un buen libro para ver saber más sobre Dios. Eso te ayuda también a enseñar a tu hermano.
2) Elige: Jesús te elige y no le importa tu pasado o las rotulaciones que te hagan, para Dios vos sos importante como sos. No mira tu pecado o tu debilidad, sino que mira la manera de salvarte y sacarte de ese pozo en el que estás metido. Porque Dios quiere sacarte y mostrarte su amor. Vos sos su elegido. No tengas miedo a lo que digan de vos, sino más bien tené la valentía para seguirlo “a pesar de lo que digan de vos”. Eso es Dios. Dios te elige como sos y te ama como tal. Lo eligió a Levi y no lo hizo cambiar; sino que cuando lo eligió lo consiguió cambiar.
3) Misericordia: Es la tercera actitud que encontramos en el Evangelio. Marca la misericordia porque los miserables descubren en Dios que tienen riquezas. Es allí donde está la clave de rescatar al hermano, en no resaltar su miseria, sino en lavar su corazón con sus virtudes, para que venza la miseria. Somos los pecadores los que seguimos a Dios. La Virgen María es la única Inmaculada, todos los demás tenemos debilidades para lucharlas. A luchar, porque Dios te ha elegido como sos. Algo bueno está por venir.
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