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Meditación del día 29 de enero

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Marcos 5, 1-20

Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro.
El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas.
Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo.
Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él,
gritando con fuerza: “¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!”.
Porque Jesús le había dicho: “¡Sal de este hombre, espíritu impuro!”.
Después le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. El respondió: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”.
Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.
Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña.
Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: “Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos”.
El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.
Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido.
Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor.
Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos.
Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.
En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él.
Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: “Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti”.
El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

Dios de la vida

1) Cementerio: Hay gente que vive del pasado y de cosas muertas, cosas que estuvieron o que fueron, pero que ya no están, pero las siguen trayendo en la conversación diaria. Ese hermano que te quitó el dinero y todavía no lo perdonas, pero fue en la década del 80. Ese esposo que te engañó o esa mujer que te traicionó y pasaron años, pero lo seguís trayendo y hasta hoy desconfías de todos por eso sucedido en el pasado. Podría decirte de muchas más cosas que te hacen vivir tu vida en un cementerio. Te hacen estar dividido y conflictuado con vos mismo o vos misma, teniendo heridas del pasado que aún hoy no sanan, y no querés que sanen o no querés darle un fin, porque hasta vos te sentís un muerto en vida.

2) Dominarlo: Cuando tu vida pasó o pasa por heridas grandes, aparte de vivir en el pasado, no dejas vivir a nadie. Es como que si vos no lograste merecer la felicidad o plenificarte. Parece que nadie puede hacerlo entonces te encargas de que la vida de los que te rodean vayan por tu mismo cauce. No vivís ni dejas vivir. Usas la crítica desenfrenada para atacar a quien se te ocurra y decir sin medir las cosas. Cuando ves a alguien que le está yendo bien le empezás a liquidar con la sospecha diciendo:  “es un vende humos” o “es una ficción su vida”. Te entra la envidia como elemento de ataque, ya no controlas tu lengua ni tus actitudes. 

3) A tu casa: La misión de ir zona por zona o región por región nos corresponde a todos. Hoy Jesús te recuerda que tenés que evangelizar en tu casa y en tus cercanos. Hay veces que creemos que para llevar el evangelio hay que ser cura o monja y no, es en lo cotidiano de la vida en donde podés llevar el amor de Dios a los demás. Hace unos días me llamó un amigo llorando diciendo que le había fallado a Dios porque desde pequeño sentía el deseo de ser sacerdote, pero por las cosas de la vida no lo fue y hoy tiene su familia. Le dije con claridad: “Dios te eligió para que evangelices a esa pequeña porción de Iglesia que es tu familia”. Porque tenemos un elemento primordial “el bautismo” y por el bautismo somos hijos de Dios y sacerdotes, somos mediadores. Por tanto amigo, cuando rezas por los tuyos, evangelizas. Cuando te preocupas todos los días por tu familia, evangelizas. Cuando te sentís cansado de remarla por tu familia, evangelizas. Cuando aportas a tu matrimonio, evangelizas. Cuando te levantas a las 5 am para traer el pan a la casa, evangelizas. Cuando tenés que abrir los ojos a tu hijo en esta vida, evangelizas. Cuando tenés que cuidar a tus padres cuando ya están en las últimas de esta vida, evangelizas. No es haciendo cosas extraordinarias lo que te lleva a Dios, sino más bien cosas ordinarias, en las que terminas poniendo a Dios, como tu vida se hace extraordinaria.  Algo bueno está por venir.


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1 comentario

Graciela Sventurati January 29, 2024 - 9:49 am

Buen día padre Luis, hermosa meditación del día de hoy. Clarita y al pie, como decimos en Uruguay. 🙏
Cuando nos va a visitar. Montevideo está cerca. Lo esperamos. Quiero oír en próximas meditaciones aparte de los saludos la noticia de que viene a visitarnos. Lo esperamos. 🙏💗

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