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Meditación del día 11 de febrero

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Marcos 1, 40-45

Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”.
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”.
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
“No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”.
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.

El leproso. Características

1) Se lastima solo: Sí, la piel está lastimada y no cicatriza. El leproso de este siglo es aquel que da vueltas en su pecado, en su error, mirando también sus fracasos. No acepta lo que le pasó y sigue buscando a los culpables de lo que le ha sucedido. Se lastima a sí mismo con su autosuficiencia pero también con su autoexigencia. Es por ello que hoy te propongo que te mires vos y pienses si en esta vida no estás viviendo en plenitud por ese lastimarte constante con tus recuerdos y con tus pensamientos fracasistas.

2) Olor: Esta enfermedad hace que uno transmita olor a podrido, mal olor. Los leprosos del siglo XXI, que podemos ser vos o yo, andan con el mal olor de la negatividad, esa negatividad que hace que llegue a ser insoportable estar al lado de esa persona. Encima, como todo mal olor impregna y te hace llevar a la duda o al mal pensar. Sufre si al otro le va bien y busca encontrarle el mal olor al otro, porque no acepta que le vaya bien. A ese mal olor también lo podemos denominar envidia.

3) María: Ella es una Madre-enfermera. Ella sabe en qué momento curar y también aliviar. Como es Madre, está al lado del hijo cuando está enfermo y si al cicatrizar nos arde, ella sopla con ternura para que no nos arda tanto la medicación del perdón. Hoy María repite en tu corazón “no prometo hacerte feliz en la tierra, sino en el cielo”. Algo bueno está por venir.


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