Evangelio según san Lucas 4, 24-30
Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio”.
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
Rechazado por cercanos
1) Llegó a Nazaret: Es importante que en tu vida trates de volver a tu eje, a donde es tu historia y tu vida, siempre es importante que vuelvas a tu esencia y a tu lugar donde sos vos y que puedas relacionarte con esa persona y en ese espacio donde simplemente sos vos. A mí me hace bien juntarme con mis amigos de toda la vida, los que me conocen como Luis, no como el Padre o como el licenciado o como el docente universitario. Es importante volver al Luis que soy, porque eso anima a recordarme de dónde vengo y también hacia dónde voy.
2) Profeta: Nadie la tiene fácil en esta vida. Cuando uno anuncia y denuncia en esta vida siempre habrá alguien que te ataque. Incluso en estos tiempos estamos viviendo esta situación que aquel que piensa distinto a mi es mi enemigo. Cuán lejano quedó de tantas personas que se unían para pensar y discutir y de esas diferencias sacar grandes teorías para la humanidad. Por eso te recuerdo que no te detengas a discutir con alguien que ya está cerrado a ti. Cuando alguien está cerrado a escuchar tus ideas, puede que le entres. Pero quien esté cerrado a tu persona y a escuchar tu pensar no pierdas el tiempo, ni siquiera en tratar, pues como decía Albert Einstein “es más fácil destruir un átomo que un prejuicio”.
3) Despeñarlo: Siempre habrá gente atenta a tus fallas para liquidarte, como así también son los cercanos, los paisanos de Jesús, los que tratan de destruirlo. No son los lejanos. Es por ello que debes abrir bien los ojos y fijarte bien a quién atiendes y en quién confías. No sea que tus cercanos te lastimen con la traición y los lejanos te vean con
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