«Tu identidad debe dar firmeza y una cierta orientación a tu personalidad»
En el proceso de tu vida sacerdotal, desde que eres ordenado sacerdote hasta el momento final de tu vida, podrás pasar situaciones que afecten a tu identidad y también a tu personalidad. Distinguiendo un poco aquí que “la identidad” refiere a todo lo que vos sos desde tu historia de vida y desde tus principios acentuados, mientras que tu “personalidad” es algo que va tomando moldura y postura en el transcurrir del tiempo y de ciertas cosas que vas viviendo. Tu identidad debe dar firmeza y una cierta orientación a tu personalidad, ya que tu personalidad va asumiendo desde las circunstancias que van tomándote y apareciendo en tu vivir. Son dos cosas esenciales que uno como persona y como ministro de Dios, debe trabajar siempre, porque el ser humano es dinámico y uno siempre está en constante cambio. El tema es que, si uno no identifica y lo trabaja, puede dejarse llevar por cosas que no son propias de sí y caer en ser un molde de lo que su obispo quiera o de lo que su comunidad quiera. Eso puede llevarte a caer en una gran depresión o cansancio de vida, teniendo un gran descontento en el vivir y en el ejercer el ministerio.
Te presento tres tentaciones que pueden afectar a tu identidad sacerdotal y a tu vida en sí:
1. Los cargos: hace un tiempo me junté con unos hermanos curas a almorzar. Llamó una persona al celular de un sacerdote amigo que estaba allí, y quería conocernos. Nos pedía que por favor nos presentáramos…
Me llamó mucho la atención que en el momento de la presentación cada uno daba su nombre y al instante los cargos que tenía “párroco”, “vicario”, “decano”, etc. Está persona solo quería saber de nosotros y no de las funciones, pero estaba súper metido en estos hermanos, el cargo.
El que tu identidad esté unida a un cargo puede generarte una búsqueda en tu vida sacerdotal, a un “escalar”, para ser o soy, según el cargo que tengo. Mi satisfacción de vida sacerdotal y humana ya no se detendrá en mi progreso humano en cuanto asumir nuevas virtudes para mi vida o en adquirir más amor a la celebración eucarística, sino más bien se reducirá a cargos o puestos eclesiales. Llevando todo esto a que, si no lograste “crecer en carrera eclesial”, te sentirás frustrado y viviendo sin sentido tu vida, incluso amargado. Es por ello que podemos ver sacerdotes que están frustrados y amargados con la vida, porque no lograron lo que querían o el cargo que buscaban. Cuando tu vida se reduce a buscar una faja de color morada o a ser el párroco de alguna “parroquia importante”, es importante saber que hay en vos una gran crisis personal y humana. Porque ya no tan solo hay un Jesús desaparecido, sino tu persona misma se encuentra sin un sentido.
Cuán importante es trabajarlo esto en el acompañamiento espiritual y cuán necesario es poder hablarlo, porque hablándolo, uno puede darse cuenta y puede ir buscando medios para tratarlo.
2. El reconocimiento: cuando tu identidad se detiene en la búsqueda de ser reconocido, se puede gestar en vos una personalidad muy vulnerable y hacerte muy sensible al comentario de los demás. Cuando la identidad de un sacerdote está detrás de ciertos éxitos logrados en el ámbito pastoral o arquitectónico, puede provocar que tu vida afectiva o pastoral, esté atada a un hilo. Muchas veces nos pasa a los que estamos en el mundo de las redes, el reducirnos a controlar cuántos seguidores o like tenemos. Eso te empobrece la vida, llevándote a sentirte sacudido, cuando la misma gente te da la espalda o simplemente no te reconoce. Cuando tu trabajo pastoral ya no es producto de tu oración y de la celebración, pasando a ser el elemento primordial para ser reconocido por la jerarquía o por la gente, puede llevarte a caer en un populismo sacerdotal, más que un sacerdote populista. Ya que hasta haces que tu sacerdocio quede en un segundo plano, primando el contento de la gente.
3. Persona: cuando tu identidad se ata a una persona y pasas a ser lo que esa persona quiere que vos seas, también puede generar grandes dolores para tu vida. Puede que un sacerdote busque tener un estilo de personalidad para agradar a un grupo parroquial o hasta incluso al obispo; dejando de ser él y pasando a ser lo que su obispo quiere que sea. Dejando en claro, que un obispo debe moldear al sacerdote en su ministerio; pero cuán difícil es cuando trata de tocar su personalidad e identidad. Puede que haya un cierto abuso de una autoridad o de una comunidad para con el sacerdote, pero también puede que un sacerdote deje de lado su identidad, solo por agradar o complacer.
El ser a la carta de lo que el otro quiere que yo sea, puede detenerme la vida entera, llevándome a grandes golpes de la vida y del vivir. Esto hace que uno se convierta en un excelente actor y el guión le presenta esa persona o ese obispo o esa comunidad. Pero tarde o temprano, se quedará este sacerdote sin libreto o sin vida.
Estas tres tentaciones se pueden evitar y vencer. Exige de tiempos de reflexión por parte del sacerdote, así como también de hablar y dejarse acompañar. La vida sacerdotal en nuestros tiempos, exige trabajo en la identidad, para no esconderse en ideologías pastorales, o en simples estructuras vacías. Pidamos a María Santísima que nos proteja de todo ello.
María, Madre de los sacerdotes. ¡Ruega por nosotros!
Algo bueno está por venir.
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