«Misión y evangelización»
En nuestro camino como sacerdotes, nos encontramos con el desafío de equilibrar las tareas divinas y las humanas, Jesús nos lo muestra en la sinagoga de Cafarnaúm. Este equilibrio es esencial para mantener viva la llama de nuestra misión y evangelización.
Veamos cómo estas reflexiones pueden iluminar nuestro camino y fortalecer nuestra entrega pastoral.
1. Entró a la sinagoga: uno de los evangelistas que más plantea el cómo era un día de Jesús, es Marcos. Porque te plantea qué habla con Dios, pero también con los hombres. Mantiene la presencia con las cosas divinas, pero atiende las miserias humanas. Incluso, va a la zona de Cafarnaúm, zona de olvido de muchos y rotulada por otros.
Ponete a pensar que es algo similar a lo que implica tu día como cura. Rezar y meditar en tu poco tiempo, atender las miserias de la gente, y acompañar a personas rotuladas. Creo que si en tu vida sacerdotal no hay un poco de todo esto, puede que se pierda ese sentido de misión y evangelización. Es por ello que importa mucho buscar esos tres momentos: tu momento de oración para que no se apague la llama de tu encuentro con Dios. Tu momento de encuentro con personas, y escuchar sus vidas, para poder darle un aliento o simplemente que sepan que son escuchados. Tu momento de salir al encuentro de otros, que necesitan saber que Dios no se olvida de ellos.
2. Aburguesamiento: una de las cosas que pueden ser el “péndulo sacerdotal” es el extremo de hacer muchas cosas (activismo), sin buscar el espacio y tiempo de interioridad. Y otro extremo, es caer en una pasividad tremenda en la vida apostólica.
Una de las enfermedades psicológicas que aparecen en estos tiempos es la procrastinación: es el dejar para después las cosas, y termino no haciéndolas nunca, o a las apuradas, cuando me aprieta el tiempo.
El ir dejando las cosas y empezar a plantear el “para qué”, porque sentís que “nadie lo valora”, puede llevar a achancharte en tu vida sacerdotal. Reduciendo incluso tu vida apostólica a solo celebrar la misa (porque se me obliga), y casi caído el sentarme a confesar (porque para qué me siento, si vuelven a pecar).
Cuando tu mente cae en un minimalismo, sumado a que nadie “te controla”, podes tener la tentación de dejar de lado “la misión discipularia”, para caer en “una misión monetaria”, donde el sentido que le das a lo que haces es para adquirir recursos para mantener la parroquia o tus gastos, más que la evangelización de las almas, y que descubran a Cristo resucitado.
Claro que no es nada fácil, y creo que todos pasamos por esto en ciertos momentos. Es por ello importante pedir a Dios que nunca caigas en la monotonía sacerdotal y que puedas descubrir algo nuevo siempre en tu vida que te ayude a entusiasmarte más en tu labor apostólica.
3. Apostolicidad: claro que el activismo puede generar en vos y en tu comunidad grandes golpes. Hace unos años atrás me tocó vivir la experiencia del “plan pastoral”. Era excelente, y un sacerdote biblista en Tucumán lo llevaba adelante. Pero con el tiempo, se fue desmoronando. Estaba lleno de reuniones y actividades pastorales; reuniones que duraban hasta más de 3 horas. Y era de pensar en una frase para el mes, hasta de qué color debían ser los carteles. Esto generaba una reducción a “la pastoral del cumplimiento”, pero que en el fondo era “mitad que cumplo” y “mitad que miento”, porque todo se reducía a actividades y cumplir metas una tras otra. Llevó esto a que muchos se cansaran y que ya no asumieran ni ese, ni ningún plan, porque cuando se generan estructuras sin función espiritual, puede uno caer en el activismo planificado. Muchas veces, como sacerdotes, nos olvidamos que los tiempos de hoy han cambiado y ya no contamos con laicos dedicados al 100% a la pastoralidad, ya que muchos deben tener dos trabajos para subsistir o la madre y el padre deben salir. Y hasta en muchos lugares, hoy el sacerdote debe salir a trabajar en docencia o en otras materias, para mantenerse. Es por ello que es sano asumir la realidad y desde allí, generar un plan de actividades acorde a los tiempos, sin dejar de lado “tus momentos”, y no seguir un sistema que luego puede sofocar.
Es importante que puedas dejarte acompañar y pensar estos puntos para tu vida interior. Ayuda a fortalecer tu vida y por sobre todo, comprender que no es pecado o que pasas a ser más o menos indigno. Es tiempo de que reflexiones sobre tu vida sacerdotal y puedas saber dónde estás parado hoy. Esto nos ayuda a saber que es Dios quien nos eligió, porque se le dio la regalada gana. Pero por sobre todo, porque nos invita a santificarnos en lo cotidiano de cada día.
Recemos unos por los otros.
Algo bueno está por venir.
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