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Meditación del día 8 de junio

por Pbro. Luis A. Zazano
Corazón de María

Evangelio según san Lucas 2, 41- 51

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre,
y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.
Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos.
Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados”.
Jesús les respondió: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?”.
Ellos no entendieron lo que les decía.
El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Corazón de María

1) Costumbre: Siempre hay costumbres en la familia y también en lo religioso-familiar. Cuida ese legado, lo que te pusieron en el corazón tus padres, tíos y abuelos. Esa medallita de la familia, esa imagen del santo de la familia o la tradición que dejó esa abuela que tanto marcó o ese abuelo que tanto instruyó. En mi caso, tenemos una imagen de san Antonio, antiquísimo, que mis bisabuelos trajeron de Sicilia y hasta el día de hoy le seguimos rezando; como también tenemos la tradición de celebrar el santo de cada uno de la familia… Son cositas que ayudan a la fe y a la tradición familiar, ¿vos estás cuidando esa tradición de tu familia?

2) Encontrar: Nunca creas que a Jesús lo tenés y ya, listo. Porque es un constante estar y sí podés tomar distancia de Él porque es una relación y, si te descuidas, puede que luego no lo encuentres. Aprende a buscarlo siempre y a estarte cerca de esa relación alimentando esa relación con Jesús.

3) Su corazón: En el corazón inmaculado de María logramos ver esa actitud de respeto y amor ante su hijo. Porque en el amor verdadero uno a quien ama lo respeta y quien respeta comprende. Hasta incluso en ese amor que vemos en María, sabe que su actuar es muchas veces ser una espectadora de la vida de su hijo. Es comprender que en la implicancia del amor la ayuda y la muestra de amor se da en el ESTAR. Algo bueno está por venir.


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