«Encerrados»
En la vida consagrada, a menudo caemos en la rutina y el aislamiento, perdiendo de vista la presencia y las enseñanzas renovadoras de Jesús. Te invito a que juntos descubramos el entusiasmo y la dirección divina en nuestro ministerio, rompiendo estructuras viejas y abriendo nuestro corazón a la acción sorprendente de Dios:
1. Encerrados: cuando tu vida sacerdotal cae en una rutina constante, podés empezar a cerrarte y a encerrarte. Perdés el entusiasmo de juntarte con otros sacerdotes y hasta perdés el espacio de compartir tu vida y momentos de tu vida con personas que en verdad te hacen bien. Esto va un poco más allá que el aislamiento, porque ya empiezas a ser una persona que se cierra en sus ideas pastorales y hasta te cierras a lo que tu mismo obispo te proponga. Esto lo llamo síndrome del “olor a pata”. Todos lo sienten, menos el que lo tiene. Esta cerrazón es algo que vos no te das cuenta o no te querés dar cuenta, porque empieza a actuar en vos el muro de la defensiva, que terminas atacando en cualquier discusión y te terminas victimizando en todo el transcurso de esa discusión.
2. No pescaron nada: puede que te consideres un enviado de Dios o un consagrado con todas las letras de Jesús, pero puede que trabajes sin descanso por las cosas de Dios, sin sacar nada. Esto puede implicar dos posturas:
a) Hacer como siempre se hizo, porque “siempre se hizo así”: En su momento había éxito y capaz que hoy no se pesca nada, pero mantengo una estructura, porque en su momento funcionó y hoy capaz que no. Muchos planes pastorales que funcionaron y fueron un éxito en los 90 o en el 2000, hoy no lo son, pero se los mantiene por costumbre o capricho, pero ya no se pesca nada.
b) Por no escuchar a Jesús: Pedro al escuchar las indicaciones, reacciona y lo reconoce. Primero escucha y luego reconoce. Es por ello que Dios te propone caminar en la vida, aprendiendo a escuchar las nuevas indicaciones de Jesús. Por eso exige de nosotros, los consagrados, volver a descubrir su voz para no salir a pescar sin Él.
En todo esto, la clave está en que el consagrado tiene que saber escuchar y saber romper estructura, para que lo institucional y lo estructural no coma o no sentencie a la obra de Dios, que siempre es novedosa y siempre actúa de una manera nueva y distinta.
3) Compartir: Jesús come con ellos y comparte. De estar ellos sin Jesús, solo están juntos, pero sin vida y sin entusiasmo. Eso puede pasarte a vos y a mí: llevar una vida consagrada, en donde solo nos reunamos para meramente cumplir, reunión de pastoral, reunión de canal, consejo, presbíteros, etc. La invitación de hoy es compartir y convivir desde el resucitado y junto al resucitado, para vivir junto a Él y dar vida junto a Él.
Hoy te propongo a que veas tu vida consagrada y analices desde el Cristo vivo y resucitado, si te animas a hacer algo distinto por vos y por los demás, escuchándolo a Él.
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