Evangelio según san Mateo 13, 1-9
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar.
Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
¡El que tenga oídos, que oiga!”.
Salir a sembrar
1) Al borde: El vivir todo el tiempo al límite hace que tu vida constantemente esté en tensión. El vivir a un ritmo acelerado y dejar todo a lo último hace que tu misma vida se convierta en una tensión total y estés a la defensiva siempre. El vivir sin un programa y sin hacer procesos hace que otros te manejen la vida y deposites tu existir en otros que te la terminan llevando y se vuelan con tu vida. Es por eso que no tenés que dejar que el acelere te lleve y vivas una vida sin pensar, sin programar y sin ponerte objetivos concretos que surjan de vos. Siempre hay gente que está atenta a vos para usarte en los momentos de tu vulnerabilidad. Por eso, usa la cautela y la disciplina.
2) Pedregoso: Entiendo que la vida para todos es dura y difícil, pero el tema es cuando te haces duro y no dejas que nadie entre en tu vida. Es cuando te encontrás con desilusiones y dolores que te hacen ser una persona dura y difícil. Deja que Dios toque tu corazón pero no seas una persona unida a lo duro, basándote en que porque sufriste mucho todo es malo y enojoso. Muchas veces tu dureza y tu falta de profundidad es producto del miedo a que te vuelvan a lastimar.
3) Espinas: Cuando tratas de ayudar y ser bueno también debes saber que hay gente que te ahoga y asfixia, que te demanda todo el tiempo y que siempre te necesita. No dejes que ahogen lo mejor de ti y aprende a disfrutar de tu vivir y de tu servir con un justo límite, porque cuanto más te das, más te van a necesitar y más te demandarán. Recordá que siempre falta algo. Te das todo, pero siempre para el otro te falta dar algo más y eso, claro, te termina cansando y agotando. No dejes que maten la alegría de tu vivir y unite a esa paz que da Dios siempre, y ese don que Dios te dio que es la semilla que está en tu corazón. Algo bueno está por venir.
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