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Meditación del día 7 de julio

por Pbro. Luis A. Zazano
Mc 6, 1-6_FB

Evangelio según san Marcos 6, 1-6a

Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”. Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.

Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”.

Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

El asombro y la incomprensión

1) Se dirigió a su pueblo: Jesús viene de triunfar en Galilea con los milagros y enseñanzas que hizo. Y quiere llegar a su gente, a sus paisanos. Ya que le fue bien afuera, quiere llegar a sus cercanos. Los paisanos se asombran por lo que enseña pero, en vez de aceptarlo y recibirlo como lo hace la gente de Galilea y alrededores, lo cuestionan porque viene de una familia normal, de un carpintero. Cuántas veces te va mejor con tus lejanos que con tus propios familiares. Hasta más te apoyas en amigos y vecinos que en tus propios familiares.  Esto pasa. ¿Sabes? Cuando tuve mis tiempos difíciles de crisis vocacional en el 2016, admito que encontré más ayuda en amigos, que ni siquiera eran católicos, que en mis hermanos en la fe y hasta en mis hermanos curas. Claro que duele que tus familiares y paisanos te cuestionen y pongan en duda todo lo que haces. Capaz que le cambiaste la vida a mucha gente, pero tus íntimos te cuestionan y hasta ridiculizan. Claro que es triste confiar más en tus amigos y vecinos que en tus propios familiares. Es doloroso ver que tus familiares cercanos hasta te clavan el visto en el grupo de Whatsapp cuando pasas una necesidad, y que cuando le escribís a alguien que no es tu familiar al toque te responde y  está para ayudarte.

2) Despreciado: Es la incomprensión de quien se niega a reconocer a Dios en lo conocido y cotidiano. Parece que si no somos salvadores de los otros no somos nadie. Hasta la gente en la iglesia busca un “mano santa” que le resuelva sus dolores, y en vez de buscar fe, busca magia. Cuántas veces lo ves en tus cercanos y en tu familia. Cuando le pagas la cuenta de la tarjeta de crédito sos el mejor hermano o amigo pero, cuando no le das dinero y solamente lo invitas a tomar un café para conversar de la vida, no sos nada. Es medir por lo extraordinario que haces y no por quien sos. Por eso no te dejes arrastrar y

seguí haciendo lo que tenés que hacer en tu vida.

3) No pudo hacer milagros: Creo que los apóstoles aprendieron aquí una gran lección: “allí donde uno esperaría encontrar aliento, coraje, participación, puede encontrar indiferencia, incomprensión e incluso hostilidad”. La gente prefiere, no pocas veces, renunciar a Dios antes que a la imagen que se han imaginado de Él. Por eso no busques contentar la imagen que la gente crea  o genera de  vos, sino más bien sé vos y haz el bien que tienes que hacer. Porque a la gente, si no le servís, le serás indiferente, pero a todo esto tu relación con Jesús es lo que sana y salva y hay otros que te necesitan más que aquellos de los que vos creías que esperabas algo. Algo bueno está por venir.


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