Evangelio según san Lucas 11, 1-4
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”.
El les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”.
La fuerza de la oración
1) Orando: Dice incluso en “cierto lugar”, así comienza el evangelio, porque no tan solo debes buscar tu tiempo, sino también tu espacio. El acelere de la vida y el estar todo el tiempo resolviendo cuestiones, puede hacerte olvidar de tu tiempo y de tu espacio. Estamos todo el día ante la demanda de los demás. Incluso hay días que yo mismo siento que hablo mucho de Dios, pero poco CON Dios. Porque ando siempre a mil, sin tener ese espacio que defienda para que sea mi espacio. Hay veces que somos invadidos en nuestro espacio por la gente, pero también hay veces que nos dejamos invadir, llegando a dejar de lado lo esencial: la oración. Hoy piensa cuál es tu espacio y tu tiempo, ese lugar donde estás calmo y en donde sos simplemente vos, donde no tenés que dar respuesta de nada a nadie y en dponde sos un simple receptor. Busca tu espacio de oración para que la oración sea siempre tu espacio de encuentro con Dios y con vos.
2) Enséñanos: En esta vida hemos venido a aprender y a conocer. En el día a día aprendemos algo y siempre alguien nos puede marcar un caminar con su simple enseñanza, o con su simple vida. La vida hace que te conviertas en un receptor, porque el día que creas que te la sabes a todas puede que sea el día que la misma vida te haga pasar por un ignorante. El problema en tu vida no pasa por cometer errores, el problema pasa por creerte que te sabes todo y que nunca cometes errores. Ese es el gran error.
3) Padre: La oración del Padrenuestro implica abandono, pero también reconocimiento. Es reconocer que no puedo con todo y que necesito de Dios para poder perdonar y para evitar caer en la tentación. Creo que lo más difícil en uno no es reconocer que Dios es mi Padre, sino más bien comprender que necesito de Dios siempre, porque nada puedo hacer solo. Algo bueno está por venir.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
1 comentario
Dos reflexiones sobre el Padrenuestro: a) al rezarlo, debemos intercalar un espacio (una coma diría) al decir “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. No tiene sentido pedirle a Dios que se haga su voluntad en el cielo, cuando es obvio que así ocurre. El pedido apunta a que esa misma voluntad se extienda a la tierra, tan necesitada de ella. Por eso, al orar hago un mínimo silencio después de “tierra”, para que la idea se comprenda bien (ver el libro del Papa Benedicto XVI “Jesús de Nazareth”, Ed. Planeta, Buenos Aires, 2007, págs. 182/3); b) en la misma oración, ¿qué significa pedir el pan sólo para hoy, como para cada día de nuestra vida? ¿Por qué no le pedimos a Dios mucho, mucho pan, para que nos alcance y sobre hasta el final de nuestra vida? La respuesta la encontré en el Libro de los Proverbios, 30-8/9: “no me des pobreza ni riqueza; concédeme el pan de cada día, no sea que, saciado, me desvíe y diga: ¿quién es Yahveh? O que, por la indigencia, robe y profane el nombre de mi Dios”. Cordialmente. Ernesto.