“Si me falta amor, no soy nada”
En el mundo contemporáneo padecemos muchos el síndrome de Peter Pan. Trata de aquellos adultos que se resisten a comportarse según su edad cronológica. Es la parte que afecta a los afectos y personalidad. Es preferir la comodidad y evitar las decisiones. Muchos se resisten a la madurez. En la Iglesia sufrimos un fenómeno similar, incluso nosotros, los consagrados.
1. A veces necesitamos el cuidado de un líder para que nos cuide. Hay consagrados que necesitan un cuidado constante, buscando que su autoridad sea como su papá, que lo controle todo. Hasta se ponen celosos si su autoridad mira a otro consagrado que a él.
San Pablo veía esto en Corintios (3,1). En primera de Corintios, los presenta Pablo como inmaduros y “niños en Cristo”. En 1 Pedro, capítulo 1 y 2, nos habla de la madurez en Cristo.
2. El crecimiento es el sistema orgánico, porque cuando uno está vivo espiritualmente, crece en amor, en paciencia y en paz. Es crecer naturalmente, porque es el fruto natural de la vida pastoral. No se necesita esfuerzo para adquirir el fruto del Espíritu. Por eso, para el consagrado es fundamental crecer en el trabajo espiritual. Pero podemos confundir aprender doctrina, con vida espiritual. Uno no es maduro porque lee mucho. El problema es cuando vamos midiendo los principios doctrinales, o si eres conservador o liberal.
3. Explicar sobre qué es el gozo, no es que te llevas el gozo. Aprender la doctrina del gozo no es que uno está gozoso. Por eso, es fundamental ver que hay consagrados que tienen conocimiento doctrinal, pero no espiritual.
4. Cuando empezamos a defender lo doctrinal, muchos terminamos descuidando la caridad. Por eso, un consagrado debe recordar los frutos del espíritu que nos propone Pablo, que termina en ofrecer “el dominio propio”. Esto produce nuestra vida y no nuestras doctrinas. Si no tenemos la capacidad de amar, no sirve la doctrina.
5. Nuestro trabajo es cambiar el corazón. El reino de Dios no es cuestión de comida y bebida sino de justicia, paz y alegría. La defensa de nuestras convicciones no pasa por nuestro aspecto doctrinal, sino por nuestro modo de vivir. Recordá que si falta amor, entonces no sirve esa doctrina.
“Si me falta amor, no soy nada”. La fuente de la verdad es Dios mismo (2 Cor 2,16). Los apóstoles nunca predicaron de la Biblia, sino de la persona de Jesucristo. Es la clave convertirse al Dios viviente, es por ello que la vida del consagrado no se reduce a un mundo de doctrinas, sino más bien es un encuentro con Cristo. En el cielo no habrá exámenes doctrinales, pero sí habrá un examen en el amor. La salvación es tener vida. Pasamos de la muerte a la vida, porque amamos.
No es que uno esté en contra de la doctrina o teología, pero si no tenemos vida porque no amamos, entonces estamos fritos.
El consagrado está invitado a amar. Si no, uno puede perder todo el ánimo para guiar a la comunidad.
Debemos reconocer nuestra falta de madurez espiritual. Por ello, tenemos que trabajar en la vida espiritual.
Las estructuras religiosas pueden ser un elemento rígido y estático, perdiendo la vida dinámica. Hay congregaciones en las que la palabra es la misma.
Es importante hacerse una autoevaluación:
A) La primera es buscar ser dependiente: Ser dependiente del párroco o del obispo o del superior. Es necesitar siempre tener la mirada del líder o de la autoridad, necesita depender. Ser dependiente de alguien más que de Dios, puede marcar tu inmadurez espiritual.
B) Caer en el materialismo: El vivir del exterior y construir nuestra doctrina y santidad en puestos o reconocimientos. En la Iglesia pueden remover a un cura por fumador, pero no por orgulloso. Los chismes y la hipocresía son los peores pecados que puede tener un consagrado, pero de ello, no se trabaja y se cae solamente la medida del cura, si tiene debilidad en tema de tomar, fumar o sexual. Pero cuestan los trabajos internos y solo se ve lo externo que es consecuencia de lo interno.
C) Es necesario ejercitar nuestros sentidos espirituales: La clave es discernir qué alimenta mi vida espiritual y qué me aporta a la vida espiritual. La clave es tener el espíritu ejercitado para discernir el bien y el mal, es tener conciencia recta.
D) Está la palabra escrita y la palabra viva: Cuando hablamos de la palabra escrita, representa el alimento del primer siglo, el alimento que hoy Dios tiene para vos es un Cristo vivo y que te recuerda que está al lado tuyo.
Cuando uno va a un restaurante, no nos llenamos con la imagen que aparece en la parte, pero nos alimentamos con la comida real. En nuestro caso, es Cristo en mi relación con Él. Vivir con el autor es mucho más que el libro del autor.
Cualquier congregación tiene un fundador y deja un escrito de su constitución y deja el escrito de cómo vivir la vida cristiana, pero es porque muere y sus seguidores tratan de vivir como el fundador. Pero nos olvidamos que tenemos a Cristo, que es fundador, pero está vivo. Incluso en muchos sacerdotes habita más la lectura del libro del fundador, que el de Jesús y de Jesús, olvidamos que está vivo.
Tú vida sacerdotal o consagrada solo debe girar en torno a Jesús. Él está en medio nuestro y está vivo; no te deja huérfano. Jesús vive en vos y en tu vida consagrada.
Recemos unos por los otros.
Algo bueno está por venir.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.