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Meditación del día 31 de diciembre

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Juan 1, 1-18

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: “Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”.
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

Termina el año, ¡cuánto por agradecer!

1) La luz brilla en las tinieblas: La verdad vence y el bien también. Aunque seguramente en este año parecía lo contrario, ponete a mirar atrás, ¿cuántas cosas pasaste? También ¡cuántos errores cometiste! Hay que reconocer las cosas lindas y también las macanas que te mandaste. Pero, así es la vida, la vida te da chances para reordenarte, recomenzar y resurgir. Mientras sigas y quieras la verdad de vos y de tu vida, todo va a salir bien. El problema es cuando te mentís y te acostumbras a vivir en esa mentira y una mentira te lleva a otra mentiras, y te seguis mintiendo. Deja que la luz brille en vos. Es verdad que se ven más las roñas cuando está la luz, y sí… se ven los detalles. Pero es más fácil de limpiar esa roña, esa suciedad, y sacarla. Al principio te va a dar mucha verguena, pero después te la sacás. Pero que la vergüenza de que se te descubra lo que sos no te lleve a vivir angustiado… la luz brilla y vos estás llamado a brillar. Por favor, ¡brilla! Tenés que brillar.

2) Los suyos no lo reconocieron: A cuántos les cuesta recibir a Jesús, me incluyo. Este año capaz que te fue duro. Sentate a pensar un rato, a hacer una miradita atrás: ¿cuántas veces vi la mano de Dios en este año? ¡La pucha! Cuántas cosas pasamos. Cuántos dolores de cabeza tuvimos, cuántas alegrías tuvimos. ¡Y todo en un año! Seguro que te debes decir: «no veo la hora que pase este año», y otros capaz que digan: «qué lindo el año que pasó». En fin, tanto en uno como en otro te digo: «la batalla sigue», y hasta el cielo no paramos. Así que vamos, ánimo.

3) Gracia sobre gracia: Hoy seamos agradecidos por tantas gracias recibidas. También agradecer al Señor por todas las personas que han pasado por nuestra vida este año. Termino con una oración que salió de mi corazón está mañana:
«Jesucristo, Señor de mi vida, te doy gracias por las cruces recibidas y vividas. Gracias, porque aquello de lo que me quejaba, hoy veo que me salvaba.
Te doy gracias por los que en este año me hicieron sonreír, porque me hicieron más aliviada esta vida y me hicieron pasar buenos momentos. Te doy gracias por los que me hicieron llorar, porque descubrí que en la vida también se cae, pero la clave es levantarse. Gracias por mostrarme a través de ellos que lo que hago en esta vida, lo hago con pasión. Te doy gracias por los que rezan por mí, sin saberlo, porque cuando me muera, sabré cuánto bien me hicieron. Te doy gracias por la vida, porque veo cuán complicado y hermoso es vivir. Gracias porque estás conmigo, pero, por favor, no te apartes de mí.» Amén
Algo bueno está por venir.


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