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Meditación del día 7 de diciembre

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Mateo 9,35-38.10,1.6-8

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.”
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
“Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.”

Dios consuela

1) Fatigados: Ya estamos en diciembre y estamos todos un poco agotados. Incluso algunos con mal genio o simplemente aparecen las ganas de desaparecer de todo. ¡Calma! ¡Calma! No dejes que esto te tire abajo, porque a pesar de este pesar seguís construyendo tu vida y estás haciendo cosas por tu vida y para tu vida. No dejes que las fatigas te lleven a hacer nada y a la nada misma. Volvé a recordar que tenés mucho por dar, pero todo a su debido tiempo.

2) Compasión: Es el significado de padecer con el otro. Y la clave es que recuerdes que siempre hay alguien que la pasa más difícil que vos. Hace unos días visité el hospital de niños con cáncer en Bogotá, me encantó, pero me dio muchas fuerzas porque al hablar con algunos niños, mientras ellos jugaban o comían, me demostraban que siguen luchando contra esa enfermedad interna y que no se rinden. Al haber estado con ellos vi mi estado de vida y comprendí que si ellos no son capaces de bajar los brazos (incluso algunos de ellos sabiendo que tenían los días contados) ¿cómo vos y yo vamos a bajar los brazos?. Así que hay que seguir hasta el final.

3) Vayan: Te entiendo que tenés dificultades y problemas. Yo también los tengo… pero que esto no te encierre y no te cierre tampoco a vos y a la vida. ¡A seguir! Abrite a lo nuevo y a lo distinto. Siempre Dios y vos tienen la última palabra. No te des manija con cosas que solo logran encerrarte y hasta incluso aterrarte. No tengas miedo que de todo se puede salir adelante. ¡¡¡Confía!!! Algo bueno está por venir.


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