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Meditación del día 17 de marzo

por Pbro. Luis A. Zazano
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso

Evangelio según san Lucas 6, 36-38

Jesús dijo a sus discípulos:
«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».

Medido

1) Misericordioso: Viene de la palabra mísero. Es la persona que sabe que tiene miserias. Por eso una persona es misericordiosa porque sabe que tiene miserias. Todos tenemos miserias y en el caminar de la vida van apareciendo con mayor sutileza. Durante mucho tiempo se marcaba al católico como el que no tiene pecados o el intachable pero desde que me fui metiendo en esta vida fui comprendiendo que somos una iglesia llena de miserables. Cuando me hice cura creía que entraba a una agrupación de ángeles pero no, comprendi que estoy entre hombres que tienen debilidades y viven con tentaciones y hasta incluso resbalamos seguido. Porque comprendí que el ser cristiano es ser compañero de camino para el que cayó y se levanta para seguir caminando. Ser cristiano no es ser profesor de moral y mucho menos un gendarmen moralista, que fija si tiene posibilidad de entrar o no en lo sagrado, y estamos en el límite mostrando si damos o no permiso.

2) No juzguen: En mis primeros años juzgaba mucho a la gente y a los curas. Hasta los medía por su forma de vestir o su forma de rezar. Me da vergüenza, lo reconozco, pero lo tengo que decir. Hasta me juntaba con un grupo de personas que nos dábamos la oportunidad de juzgar a la gente por el hecho de si rezaba o no el rosario o de si iba a misa o no. Cuando me tomé mi tiempo y mi año sabático, me dí cuenta cuán herrado estaba; y hasta con el grupo que nos juntábamos a rezar y luego criticar, yo terminé siendo por ese grupo juzgado y criticado. Pero lo más curioso es que muchos de aquellos a quienes yo juzgué y critiqué me ayudaron en mis momentos más duros. Por eso nunca juzgues a tus hermanos, porque por quien menos lo esperas capaz que serás ayudado.

3) Medida: Aprende a hacer las cosas a medida, aceptando tus límites, pero también aceptando los límites del otro. Porque una de tus dificultades y de las mías es que terminamos exigiendo más de lo que puede a la otra persona que se acerca a nosotros capaz que simplemente para ayudarnos. Aprende a medirte en tu vida y aprende a medir hasta dónde podés exigir a tus hermanos. Capaz que estás exigiendo como empleado a quien se acerca a tu vida como un simple voluntario. Algo bueno está por venir.


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