Evangelio según san Juan 16, 29-33
Los discípulos le dijeron a Jesús: “Por fin hablas claro y sin parábolas.
Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios”.
Jesús les respondió: “¿Ahora creen?
Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo”.
Hablar claro
1) Sin parábolas: Hay que ser claro con lo que decimos y con lo que hacemos. Siempre está esa tentación de hacer cosas para quedar bien con los demás o no decir las cosas por miedo a quien se llegue a enojar. Ser claro con las palabras y con los actos te hace también ser transparente y, por sobre todo, te mostrás con tus principios, sin estar en el titubeo. Es la clave de ser claro con vos y con los que te rodean y aprender a saber decir no y saber decir sí.
2) Todo: Uno nunca sabe todo e incluso en estos tiempos, donde la opinología está súper presente, nos lleva a comprender que no todos saben de todo, pero la clave es saber ser prudente en lo que se habla. La gente es capaz de opinar de tu vida sin que se les pregunte, y, encima, es posible que te duela o te afecte. Recordá que siempre la gente sabe una parte de ti y no el todo, el todo solo lo conoce Dios.
3) Conmigo: Saber que Dios está en tu vida y que nunca te deja siempre será un alivio. Es algo que me motiva y mueve a mí, porque incluso cuando mis propios cercanos se alejaron de mi vida, cuando fracasé, un monje amigo me regaló esta frase y me la puso en un atril: “Dios está conmigo”. Ánimo, porque aunque la gente te haga de lado, Dios nunca te abandonará. Algo bueno está por venir.
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