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Meditación del día 3 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo:
Uno de la multitud le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”.
Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”.
Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”.
Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho,
y se preguntaba a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha’.
Después pensó: ‘Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,
y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’.
Pero Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’.
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”.

La herencia

1) Comparta: El tema de lo económico y los bienes dentro de una familia puede ser complejo y doloroso. Porque aparece el egoísmo y hasta la envidia. Incluso, me animo a decirte que ya no es discusión de hermanos, sino también de cuñadas y de cuñados. Por eso es necesario dejar las cosas claras y saber hacer los planteos en tiempo y forma. Como dice el dicho: “puede que conozcas a tu hermano, pero no a la familia de tu hermano”. Sé que es un poco doloroso lo que te digo, pero es necesario saber que todo tiene un punto en el que debes ser prudente y claro.

2) Árbitro: No es bueno que te pongas como el juez o árbitro de tu familia y mucho menos de tus hermanos. Salí de ese lugar. Aprende a mirar el todo y comprende que las cosas se van definiendo y digiriendo con el tiempo. Es importante que te des la oportunidad de darle el tiempo a las cosas de tu familia. Más aún cuando no encontrás lo que fortalece en tu hoy a esa cuestión familiar, es necesario asumir quién es hoy tu familia.

3) Descansa: Lo material hoy está y mañana no. Nadie es más que nadie, y como siempre digo: “en el juego de ajedrez de la vida, el peón y el rey van a la misma caja”. Por tanto, no dejes que la avaricia de tus cercanos te haga un competidor de lo material. Claro está que no podés dejarte llevar por “el qué dirán”, porque eso te envenenará. Como diría Mandela: “odiar a alguien es como tomarse un veneno para que otro muera”. Algo bueno está por venir.


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