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Meditación del día 6 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano
La transfiguración

Evangelio según san Lucas 9, 28b-36

Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar.
Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.
Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías,
que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. El no sabía lo que decía.
Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor.
Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: “Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”.
Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

La transfiguración

1) Tomó: No todo aquel que está a tu lado debe saberlo todo. Aprende de Jesús a ser selectivo y comprende que Dios algo quiere hacer contigo y, desde vos, a los demás. No todos pueden entenderlo todo, pero por sobre todo tienes que ver bien a quién le compartes tus cosas más íntimas. Algo que voy aprendiendo en la vida es ir siendo un poco más selectivo y comprendiendo que no todos entienden el lenguaje de uno. Como diría un dicho popular “cuantos más años paso, menos amigos me van quedando”.

2) Sueño: En esta vida siempre pasaremos adversidades internas. Todos tenemos la lucha del sueño con la realidad. Hay veces que nos convertimos en personas ilusas y soñadoras que no caemos en valorar la realidad que tenemos o que simplemente ya no la vemos. Date esa oportunidad de vivir más la vida con los pies en la tierra y deja de andar viviendo entre sueños y sueños. Ajústate más a los proyectos y aprende a vivir cada momento con lo concreto.

3) Qué bien: Cuando uno logra su interioridad y comprende que la vida es un camino de encuentro, le cambia la mirada a la vida y eso es “transfigurarse”: tener una mirada por encima de las cosas. Cuando aprendes a cambiar la mirada la misma vida te cambia, porque ves las cosas desde Dios y eso lleva a replantearte mucho de lo que hoy hay en vos. Algo bueno está por venir.


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