Evangelio según san Lucas 7, 11-17
Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: “No llores”.
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: “Joven, yo te lo ordeno, levántate”.
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo”.
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.
Naim
1) Acompañado: En esta vida no estamos solos, el tema es que a veces nos acompañan para apoyarnos en nuestras decisiones y otras veces nos acompañan para curiosear nuestras vidas. Es necesario que veas bien quién te acompaña y también comprender que no es lo mismo estar amontonados que estar acompañados.
2) Viuda: Refiere a esa persona que queda sin nada en la vida después de haberlo tenido todo, porque de un momento a otro uno se puede quedar en la nada o sentir en la nada. No dejes de buscar en tu corazón a Dios porque todo en esta vida se pasa. De tener todo a la nada puede darse de un momento a otro.
3) Joven: Cuando todo parece muerto la fe es lo único que puede levantarnos y animarnos a seguir. No dejes de continuar tu vida caminando y descubriendo que hay un Dios que siempre tiene la última palabra. La grandeza de Dios es fortalecer tu vida siempre y es que siempre hay una oportunidad para que puedas crecer y para quien quiere creer. Algo bueno está por venir.
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