Enséñame, Madre, a compartir mis bienes, mi tiempo y mi consuelo con los que menos tienen
María, tú misma eres la prueba viviente de la predilección de Dios por los pobres y los pequeños: Dios se fijó en tu pobreza para enriquecerte con su gracia.
Virgen Santa, Madre de los pobres y necesitados, tú que te dejaste llenar de todos los dones del Espíritu, intercede ante tu Hijo para que libere mi corazón de todas las cosas que me atan y paralizan, y me abra al amor de Dios, que es la verdadera riqueza.
María, tú que eres la madre de los pobres, de los humildes, de los que no tienen nada, pero que lo esperan todo de Dios, nos enseñas a estar al pie de la cruz de las personas que están solas o sufren cualquier tipo de opresión, pobreza o injusticia.
Enséñame, Madre, a compartir mis bienes, mi tiempo y mi consuelo con los que menos tienen. Que el Señor sea mi plenitud y que así mi vida sea riqueza para los demás.
Así sea
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