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«Pensando en la eternidad algo bueno está por venir»

por Editor mdc
PABEPV-12-19-25

«¡Quiero la Gloria del Cielo, la Santidad

Hace unos meses estaba rezando con los ojos cerrados y, mientras meditaba, pensaba en el cielo y la eternidad (Ap 21,1-4). Me sentí llena de Dios y, automáticamente, muchas preocupaciones mundanas quedaron a un lado.

Cuando uno más se enfoca en la meta, el equipaje se aliviana. Por eso, es importante recordar siempre hacia dónde va nuestra vida, a qué estamos llamados (Is 25,6-9). ¿Por qué corremos como si fuéramos a estar en este mundo por siempre, cuando nuestro peregrinaje en verdad tiene fecha de vencimiento? El cielo es nuestra meta y, más allá de todo, algo bueno está por venir, porque ¿qué puede haber mejor que el cielo? (Ap 22,1-5). Ni las palabras más bellas, ni los paisajes más maravillosos, se comparan con la dicha que nos espera en el paraíso.

La vida eterna no es algo de lo que se hable demasiado y, cuánta paz tendríamos si, más seguido, dijéramos: “¡Quiero la Gloria del Cielo, la Santidad!”. Jesús nos dice que en la Casa de su Padre hay muchas habitaciones (Jn 14,2-3). Al fin y al cabo, el final de nuestra vida terrenal es un encuentro con Dios, que es Padre y nos espera en su Casa. Recordemos también el pasaje del hijo pródigo, quien es recibido con una fiesta cuando vuelve a su hogar y abraza a su Padre después de mucho tiempo sin verse (Lc 15,11-32).

Este tema me lleva a reflexionar sobre el viaje que vamos haciendo, me impulsa a volver sobre mi propia historia. Cuando el velo de este mundo se corre, nuestro camino continúa, porque gracias a Jesús la muerte ha sido vencida y no tiene la última palabra (Jn 3,16). Esto no tiene que ver sólo con el final de la vida que conocemos, ya que a lo largo de los años pasamos muertes y resurrecciones en diferentes aspectos.

Santa Teresita anhelaba “pasar su cielo haciendo el bien en la tierra”, y así lo hace cada vez que le pedimos que interceda por nosotros. A su vez, ella nos anima a vivir el Reino de Dios mientras peregrinamos. No hace falta irnos a la Casa del Padre para estar cerca de Jesús, cada oración, cada misa, cada sacramento, cada momento de adoración es un anticipo del cielo (Sal 16,11).

¿Cómo quiero vivir? ¿Qué es lo más importante en mi día a día? ¿Qué sentido tiene mi fe? ¿Qué es lo que me hace verdaderamente feliz? No son preguntas que nos hagamos muy seguido, pero son necesarias para frenar la maratón que nos impone la rutina. Debemos animarnos a sacar el piloto automático y disfrutar de las pequeñas cosas, los milagros que nos rodean, como la posibilidad de mirar hoy el cielo (Fil 3,20-21).

Pon tu confianza en el Señor y camina erguido para no perder de vista lo que pasa dentro de ti y a tu alrededor. Si bien a veces el camino puede no ser fácil, en la adversidad, el sufrimiento y la enfermedad no temas, porque Dios siempre va a tu lado, conoce tu cruz (Rom 6,23). El dolor es un misterio que no podemos comprender pero, pase lo que pase, solo ten los ojos puestos en Jesús, que es Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6-7).

¿Quién como Dios? Nadie. Por eso, sigue caminando. Lleva el amor de Dios a los demás, así sea en silencio. Que nuestras vidas sean cantos de alabanza a la Santísima Trinidad (Ap 7,9-12), oraciones, testimonios de alegría. Por eso, en este año jubilar unámonos a una sola voz:

Oración del Jubileo

Padre que estás en el cielo,
la fe que nos has donado en
tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano,
y la llama de caridad
infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo,
despierten en nosotros la bienaventurada esperanza
en la venida de tu Reino.

Tu gracia nos transforme
en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio
que fermenten la humanidad y el cosmos,
en espera confiada
de los cielos nuevos y de la tierra nueva,
cuando vencidas las fuerzas del mal,
se manifestará para siempre tu gloria

La gracia del Jubileo
reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza,
el anhelo de los bienes celestiales
y derrame en el mundo entero
la alegría y la paz
de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente,
sea la alabanza y la gloria por los siglos.

Amén.

Por eso pensando en la eternidad, algo bueno está por venir.

Autor: una voluntaria que hasta el cielo no quiere parar.


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