Señor Jesús, me postro con humildad ante tu presencia en la Hostia Santa para adorarte. En este silencio, dejo la prisa y vuelvo mi mirada y mi corazón hacia Ti.
Escucho en mi alma tu invitación: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré”.
Aquí estoy, Señor. Te entrego mis fatigas diarias, mi cansancio, mis preocupaciones, las cargas que tantas veces me superan y las heridas que aún necesitan sanación.
Nada te oculto. Me refugio en tu Sagrado Corazón, porque me conoces y me amas como soy. Recibo tu paz, tu alivio y la fuerza para seguir. Gracias, Jesús, por ser mi descanso y mi roca firme.
Virgen del Carmen, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, ruega por mí, por mis seres queridos y por quienes hoy sufren, para que alcancemos la gloria del Reino.
Amén
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