La historia de Romina Cavagna está atravesada por una presencia que ella reconoce desde los primeros años de su vida: la de la Virgen María. Nacida en Chivilcoy, Argentina, creció en una familia católica y, aunque durante su infancia y adolescencia la fe no ocupaba todavía el lugar que tendría después, distintos acontecimientos fueron marcando un camino que con el tiempo comenzó a descubrir con mayor claridad.
Romina es la creadora de Las Alondras de María, un apostolado digital con más de diez años de camino, desde el que comparte reflexiones, oraciones y diferentes recursos para crecer en la fe. Su misión se extiende también a la organización y el acompañamiento de peregrinaciones marianas, retiros y encuentros.
En Un Alto en el Camino, el podcast de Misioneros Digitales Católicos, José Arévalo conversó con Romina sobre su historia de fe y su misión. Durante la entrevista, ella compartió cómo fue creciendo su vínculo con María, recordó aquel inesperado primer viaje a Medjugorje que marcó profundamente su vida y relató cómo nació Las Alondras de María. Un camino en el que fue descubriendo una misión que hoy resume de una manera sencilla: acercar a las personas a María para que ella las lleve a Jesús.
¿Cómo comenzó tu camino de fe y tu relación con la Virgen María?
Vengo de una familia católica, aunque no éramos muy practicantes. Teníamos los sacramentos y mi mamá nos enseñaba a rezar el Padre Nuestro, el Ave María y al Ángel de la Guarda.
Cuando tenía dos años estuve muy grave durante tres meses por una neumonía bilateral. Mi mamá rezaba todos los días a la Virgen de la Medalla Milagrosa en una capilla que había en el hospital. El 26 de noviembre le dijeron que dejara de rezar porque yo no iba a sobrevivir y, al día siguiente, 27 de noviembre, día de la Virgen de la Medalla Milagrosa, salí de terapia intensiva. Siempre digo que ahí la Virgen volvió a tomarme de la mano.
A los 19 años me invitaron a participar de un grupo de oración, un Cenáculo de María llamado Las Alondras. Allí empecé a encontrarme más profundamente con María y a descubrir cuánto necesitaba ese espacio. Creo que ahí comenzó mi conversión, aunque la conversión es algo de todos los días.
¿Qué ocurrió en tu primer viaje a Međugorje?
Fue algo totalmente inesperado. Estaba haciendo un viaje con amigas y había quedado sola durante unos días porque había terminado una relación. Mi mamá me sugirió que fuera a Međugorje y, unos días después, mi tío volvió a mencionarme el mismo lugar. Yo prácticamente no sabía nada sobre Međugorje, pero el nombre empezó a resonar en mi corazón.
Buscando información por Internet conocí a Marcela, una mujer de Catamarca que insistió en que debía ir. También recibí un mensaje de una persona de Međugorje que se ofreció a ayudarme con el viaje. Todo fue sucediendo de una manera que yo no había planeado.
Cuando finalmente llegué, mi primera impresión no fue precisamente maravillosa. Venía de viajar con amigas y de lugares llenos de movimiento, y de pronto me encontré sola en un pueblo pequeño, en un día gris y lluvioso. Me preguntaba qué estaba haciendo allí.
Pero al día siguiente todo cambió. Me incorporaron a un grupo de habla hispana, conocí a muchas personas y viví experiencias muy profundas. Volví enamorada de Međugorje y, sobre todo, con el deseo de que otras personas conocieran a la Virgen. Había visto cómo se transformaban los corazones y quería compartirlo.
¿Cómo nació Las Alondras de María?
Cuando regresé de aquel viaje quería encontrar una manera de acercar a otras personas a María. Al principio, Las Alondras de María nació como un emprendimiento de artículos religiosos.
Había traído medallitas de Međugorje y me gustaba regalarlas, especialmente a personas que estaban más alejadas de la fe. Pero no siempre era sencillo llegar y entregar una medalla sin más, así que comencé haciendo baberos que llevaban una medallita. Era una forma de regalar algo y, al mismo tiempo, acercar a la Virgen. Después llegaron las pulseras, los rosarios y otros artículos.
Instagram empezó ligado a ese emprendimiento, pero poco a poco todo fue creciendo y transformándose. Comencé a realizar encuentros y transmisiones en vivo con sacerdotes, religiosas, laicos e influencers católicos. El Padre Luis Zazano fue uno de los sacerdotes que acompañó a Las Alondras desde hace muchos años y con quien realizamos numerosas catequesis y encuentros, especialmente en fechas marianas.
La intención siempre fue mostrar que vivir la fe no significa estar triste o aburrido. Quería transmitir la alegría de María y la alegría de ser católico. Esa sigue siendo la misión de Las Alondras: acercar a María, porque María nos lleva a Jesús.
Acompañas peregrinaciones marianas. ¿Qué frutos has podido ver en quienes participan?
He visto muchísimas conversiones y transformaciones, especialmente en matrimonios. A veces una esposa lleva años rezando por la conversión de su marido y él termina viajando sin demasiadas ganas, simplemente porque ella se lo pide. Después uno ve lo que sucede en esos corazones.
Realizo dos peregrinaciones a Međugorje al año y para mí es fundamental acompañar a los peregrinos durante todo el proceso y ayudarlos a preparar el corazón. También busco que el grupo se conozca antes del viaje.
Lo más lindo es comprobar que los frutos continúan después. Hay peregrinos que siguen reuniéndose para rezar o que hacen retiros juntos. Muchas veces lo que ocurre durante una peregrinación no se comprende inmediatamente: la Virgen continúa moldeando el corazón y preparando a cada persona para algo.
Algunos parten muy seguros y otros con miedo, porque no es fácil dejar la familia y viajar hasta Bosnia para peregrinar. Pero muchos regresan con una seguridad, una convicción y una alegría diferentes.
¿Cómo logras integrar esta misión con tu vida familiar?
Mis hijas nacieron cuando Las Alondras ya formaba parte de mi vida, así que para ellas es algo muy natural. Se consideran también “alondritas”.
Fede, mi marido, es fundamental porque me acompaña muchísimo en la misión. Nos organizamos como familia para que yo pueda realizar las actividades y, siempre que podemos, peregrinamos juntos. Hemos visitado en familia lugares como el santuario de la Medalla Milagrosa, Garabandal y Lourdes.
Mis hijas crecieron en una casa donde se habla de la Virgen con naturalidad y con alegría. Para ellas María forma parte de la vida cotidiana e incluso hablan de ella con sus amigos.
Después de todos estos años, ¿qué te ayuda a permanecer cerca de María y de Jesús?
El diálogo. Hablo muchísimo con la Virgen. Siempre digo que tenemos dos mamás: una terrenal y una celestial, aunque a veces podamos tener ya a las dos en el cielo.
A nuestra madre celestial le gusta que le hablemos, como un niño habla con su mamá. Rezo el rosario, pero también tengo muchos momentos de diálogo con ella. Desde hace años me acompaña un portarretrato de María Reina de la Paz. Lo abrazo, converso con ella y ese es mi momento de oración.
Cada persona encuentra su manera, pero para mí ese diálogo es fundamental.
Si pudieras darle un consejo a la Romi del pasado, ¿qué le dirías?
Le diría que es una lástima que estuviera tan distraída y no viera que la Virgen le estaba extendiendo la mano.
La vida de la mano de María es mucho más linda. Tener una madre al lado significa no estar sola. Nuestra madre celestial siempre está: está para abrazarnos, acompañarnos y llevarnos a Jesús.
Una misión que continúa
Al mirar hacia atrás, Romi reconoce un camino construido a partir de muchos momentos que, en su momento, quizá no alcanzaba a comprender: una oración de su madre cuando era niña, aquel Cenáculo de María al que comenzó a asistir a los 19 años, un viaje que no estaba en sus planes y el deseo posterior de compartir con otros lo que había descubierto.
Lo que comenzó con unas medallas traídas de Međugorje y un pequeño emprendimiento terminó convirtiéndose en una comunidad que acompaña diariamente a miles de personas. Pero Romi evita atribuirse ese crecimiento. Se define, ante todo, como un instrumento y reconoce a María como quien va acercando a las personas, abriendo caminos y dando forma a cada iniciativa.
Su testimonio deja también una invitación sencilla: aprender a reconocer esa mano que muchas veces puede estar tendida en medio de nuestra vida cotidiana y dejarnos acompañar por María en el camino hacia Jesús.
Escucha la entrevista completa
Te invitamos a conocer más sobre la historia de fe y la misión de Romina Cavagna en su conversación con José Arévalo en Un Alto en el Camino:
YouTube
Spotify
Apple Podcast
Nota: Este artículo es un resumen de la entrevista realizada a Romina Cavagna en julio de 2025 para el podcast Un Alto en el Camino, de Misioneros Digitales Católicos.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.