Bajo tu manto celestial ponemos nuestras necesidades y nuestras debilidades
¡Oh, Santísima Virgen de la Merced, Madre de Dios y Madre nuestra! Tú que miras con ojos de ternura a todos tus hijos, escucha con bondad la oración que hoy te dirigimos.
Madre de misericordia, que te compadeces de los cautivos y de los que sufren, mira las cadenas que hoy oprimen nuestra alma y nuestro corazón. Intercede ante tu divino Hijo para que nos de la gracia de la verdadera libertad: del pecado, del egoísmo, del miedo y de todo lo que nos aleja de Dios.
Bajo tu manto celestial ponemos nuestras necesidades y nuestras debilidades. Sé tú nuestra guía en los momentos de oscuridad, nuestro consuelo en las penas y nuestra fortaleza para abrazar con fe la cruz de cada día.
Amén.
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