En el undécimo episodio de En Salida, Ánimo, levántate, el Padre Luis Zazano nos acerca a la historia de Bartimeo, el ciego que, al enterarse de que Jesús pasaba cerca, comenzó a llamarlo hasta conseguir que se detuviera. A partir de este encuentro, reflexiona sobre las distintas cegueras que pueden aparecer en nuestra vida, la necesidad de aprender a mirar nuestra propia historia y la fuerza de una fe capaz de ponernos nuevamente en camino.
El relato transcurre en Jericó, y este lugar da pie a una primera reflexión: todos necesitamos nuestro propio espacio de encuentro con Dios. El Padre Luis propone reconocer cuál es nuestro “Jericó”: puede ser un lugar físico donde detenernos y meditar, un momento que reservamos para hablar con Dios o aquellas personas que nos acercan a Él y fortalecen nuestra fe.
¿Estamos realmente atentos a las personas que tenemos cerca?
Jesús camina rodeado por una multitud, pero es capaz de detenerse ante una persona concreta: Bartimeo. Esta actitud lleva a revisar cuánto tiempo dedicamos verdaderamente a quienes comparten nuestra vida. La pareja, la familia, los amigos o alguien que necesita nuestra compañía pueden quedar relegados entre obligaciones y actividades. El episodio propone recuperar esa capacidad de detenernos y ofrecer al otro tiempo y atención personal.
La ceguera de Bartimeo permite hablar también de otras formas de no poder ver. El Padre Luis distingue tres tipos de ceguera. La espiritual aparece cuando no logramos reconocer a Dios en aquello que estamos viviendo e incluso nos enojamos con Él ante el sufrimiento. La afectiva surge cuando sentimientos intensos, como el enamoramiento, el odio o la bronca, nos impiden mirar una situación con razón y perspectiva. La intelectual, en cambio, se manifiesta en la cerrazón de quien cree tener siempre la razón y no permite que nadie le muestre otra mirada.
¿Qué aspectos de nuestra vida pueden ayudarnos a ver con mayor claridad?
Para trabajar esas cegueras, el Padre Luis presenta las seis F de la vida: familia, fe o espiritualidad, fitness, finanzas, formación y fun —disfrutar—. Cuidar los vínculos familiares, reservar tiempo para Dios, atender la salud física, administrar responsablemente los recursos, continuar formándonos y aprender a disfrutar de lo que hacemos permiten buscar un mayor equilibrio y revisar cómo estamos viviendo cada dimensión de nuestra vida.
En el relato evangélico llega entonces una frase decisiva: “Ánimo, levántate, te llama”. Para el Padre Luis, estas palabras expresan también una misión para los cristianos. Hay personas que están “tiradas en el camino” y necesitan encontrar a alguien que las anime, las acompañe y les recuerde que Dios las llama. Bartimeo responde arrojando su manto, un gesto que plantea otra pregunta personal: ¿qué somos capaces de soltar para seguir a Jesús?
¿Qué significa pedirle a Jesús “Señor, que vea”?
Más allá de recuperar la vista física, esta petición puede convertirse en el deseo de ver nuestra realidad, nuestra historia, nuestros momentos y nuestro camino desde una perspectiva nueva. Ver implica afrontar también las responsabilidades, los errores y los miedos, en lugar de permanecer encerrados en aquello que nos impide avanzar. La fe aparece entonces como una fuerza que mueve, motiva y permite no solo comenzar a ver, sino también ayudar a otros a hacerlo.
El Padre Luis comparte además cómo algunos años especialmente difíciles de su propia vida le permitieron comprender, con el paso del tiempo, situaciones que en el momento no podía interpretar. La experiencia le enseñó también que estaba asumiendo problemas que no le correspondían. Desde allí, propone mirar hacia atrás y preguntarnos qué enseñanzas nos dejó nuestra propia historia, incluso aquellas etapas que resultaron más dolorosas.
Como ejercicio final, invita a identificar cinco cosas aprendidas durante los últimos cinco años. Entre sus propios aprendizajes menciona comprender que no puede resolver los problemas de todos, descubrir quién permanece verdaderamente en los momentos difíciles, evitar juzgar a los demás y aprender que no es necesario compartir con todos aquello que nos sucede. Una propuesta para reconocer cuánto hemos cambiado y qué nos ha enseñado el camino recorrido.
Te invitamos a escuchar el episodio completo para profundizar en la historia de Bartimeo y preguntarte qué necesitas comenzar a ver de otra manera, qué puedes dejar atrás y quién necesita hoy escuchar de ti esas palabras capaces de devolver esperanza: “Ánimo, levántate”.
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