Evangelio según san Juan 19,25-27
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”.
Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
María de los Dolores
- Junto: Marco Aurelio escribió una advertencia que dice “El alma se va tiñendo con el color de sus pensamientos”. Y de ahí sale una regla que él practicaba que dice “No eliges el pensamiento que llama a tu puerta, pero si cuáles se quedan a vivir”. Porque un pensamiento que pasa no te cambia, pero el que se queda sí. Y un pensamiento se queda por una sola razón: porque le prestas atención. Cada vez que repasas esa discusión le das permiso para que se quede un día más en tu vida; y, medio año después, ya no es un pensamiento que tienes, sino el color con el que miras todo. Así que no pelees con lo que llama a tu puerta, porque eso no lo podés controlar, pero la atención si. Y lo que deja de recibir atención tarde o temprano se va.
- María: La única persona que hará todo o mucho por ti sin esperar nada a cambio es tu madre. Desde el momento en que naciste ella ya estaba allí, lista para renunciar a todo por vos. Pasó noches sin dormir, te cuidó cuando nadie más quería, soportó tu rebeldía, incluso tus palabras duras, tus etapas difíciles y nunca se rindió contigo. El tiempo pasa y mucha gente desaparece. Los amigos cambian, las relaciones terminan, las personas se alejan y tu madre siempre sigue ahí. Eso vemos en María al pie de la Cruz: que está al pie de la cruz y de tu cruz.
- Casa: Hoy recibí a Dios en tu vida. A través de María se hace más fácil. Los dolores de la vida hacen que la vida se vea de manera distinta. No es que nos gusta sufrir, sino que el sufrir es parte del vivir. Nadie pasa la vida sin haber pasado tristeza, pero qué dura es la vida de aquellos que todo el tiempo pasan buscando recordar lo que les generó tristeza y no ven las tristezas superadas de la vida. Algo bueno está por venir.
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