¡Bendito y alabado seas, Jesús Salvador, Rey de la Misericordia! Nos postramos ante Ti con humildad, reconociendo tu grandeza y deseando aprender de tu Corazón manso y humilde.
Amado Jesús, sabemos que no somos dignos de todo lo que nos das. Reconocemos que muchas veces fallamos, que guardamos rencor hacia aquellos que obran mal contra nosotros y que, en nuestra debilidad, buscamos venganza, cuando la única justicia que debemos anhelar es la tuya.
Hoy te pedimos que arranques de nuestro corazón todo juicio y condenación. Enséñanos a perdonar como Tú nos perdonas, para que podamos recibir esa medida desbordante de gracia que nos tienes prometida. Que no tengamos miedo de dar y de darnos a los demás.
Haznos más misericordiosos, Señor. Que tu amor transforme nuestra vida y sane nuestras heridas, para que seamos verdaderos reflejos de tu bondad y mejores hijos tuyos.
Amén.
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