Jesús mío, mi vida entera, mi alegría y la fuente de todo lo bueno que hay en mí… Te adoro y te reconozco como mi Dios y mi Señor.
Anhelo con el alma entregarme a Ti cada día un poco más, y aprender a darme también a mis hermanos, a quienes rescataste, como a mí, con tu infinito amor.
Tú eres mi fuente de agua viva: derrama en mí tu gracia dulcísima para ser cada día más como Tú, para dar frutos de amor.
Tú eres quien me guía, lléname de tu Santo Espíritu y regálame sus dones para caminar en tu luz.
Inspírame para abrazar, confortar y cuidar con ternura a las personas que me rodean, especialmente a las que sufren en el cuerpo, mente o alma, para que sientan tu amor, encuentren consuelo en sus penas y nunca se sientan solas en medio de la tormenta.
Amén
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