“Si lo que busco es agradar a la gente, ya no seré servidor de Cristo”
Hoy 9 de octubre la iglesia celebra a San Luis Beltrán. Este santo nació en Valencia, España, en 1526. A temprana edad concibió la idea de llegar a vestir un día el hábito de dominico. En 1544 con 18 años entró en el convento de Santo Domingo, en Valencia. Es tan llamativa su entrega y generosidad por vivir el ideal de Santo Domingo de Guzmán que pronto se destaca por sus penitencias, austeridades y por el recogimiento en sus dilatadas horas ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y por la transparencia de su vida.
Tres años más tarde, es ordenado sacerdote. La extraordinaria santidad de vida del joven dominico y la influencia notable que ejerció sobre aquellos cercanos a él, lo distinguieron como alguien particularmente apropiado para conducir a otros en el camino de la fe, por lo que fue nombrado como maestro de novicios y estudiantes. Enseñó con firmeza y claridad las excelencias de la humildad y la obediencia, fue un formador excepcional, fiel a la regla dominica.
San Luis Beltrán se destacaba por su prudencia, discernimiento y claridad para brindar consejos. En cierta ocasión, Santa Teresa de Ávila lo consultó sobre si debía fundar un convento en su ciudad y en el asunto de la reforma de su orden.
Su espíritu misionero se impone en su vida y comienza una nueva etapa y una nueva aventura. En 1562 parte rumbo a las Américas para evangelizar en el Nuevo Mundo. Tocó tierra en Cartagena, Colombia, donde comenzó su vida de misionero. Su campo se misión hay que situarlo en tierra adentro más allá de Cartagena, en el área montañosa de Santa Marta y, más en concreto, en torno a Tubará. A lo largo de siete años fue un misionero infatigable, su vida ejemplar y su fidelidad al Evangelio chocan con la ambición y con los abusos de los encomenderos cuya vida era ganar y ganar pasando por encima de las personas y de sus elementales derechos.
Sobrevive a varios ataques e intentos de envenenamiento, pero él tiene las ideas muy claras: un aborigen es un alma que hay que salvar y no un mero instrumento de trabajo al que se lo explota.
En 1569 regresó a Valencia para ser maestro de novicios, tal como lo había hecho muchos años antes. Allí se dedicaría a la formación de los futuros misioneros que irían a América.
Con la paciencia heroica que caracterizó su vida entera, soportó la dolorosa experiencia de su última enfermedad. Murió el 9 de octubre de 1581.
Fue beatificado por el Papa Pablo V en 1608 y canonizado en 1671 por el Papa Clemente X.
Alejandro VIII lo nombró patrón de Colombia.
En el día de San Luis Beltrán le pedimos su intersección ante Nuestro Señor para que nos mande muchos y santos misioneros, porque hasta el cielo no paramos.