«Dejemos que Cristo, Palabra viva, entre en nuestros corazones»
Evangelio según san Mateo 13,1-9
Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló muchas cosas en parábolas: “Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 12 de Julio de 2025
En este 15.º domingo del Tiempo Ordinario, el Señor Jesús, por medio de su parábola, se nos presenta como la Palabra que da la vida, una Palabra que se siembra y de la cual se espera mucho fruto. Que en este domingo la Palabra que sembraremos dé mucho fruto en sus corazones.
Tú cuidas la tierra, la riegas y
la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales.
Dios es nuestro sembrador y Jesús, el Señor, es la Palabra que ha caído a nuestra tierra, a la tierra del corazón humano, para dar allí fruto.
Lastimosamente, el corazón humano a veces no está preparado para acoger a Jesús, Palabra eterna del Padre. Por eso, la invitación que nos hace hoy precisamente el Evangelio es que dispongamos un buen terreno, de tal manera que la Palabra sembrada en nosotros pueda dar ese fruto abundante.
Pero, ¿qué hace que la Palabra no dé fruto en nuestro corazón? Tres aspectos concretos a los cuales debemos prestar mucha atención.
El primero: la superficialidad. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, cuando escuchamos a Cristo y lo entendemos solamente como un mensaje superficial y no dejamos que eche raíces en nuestras convicciones y en nuestro corazón.
En segundo lugar, cuando la Palabra que escuchamos de Jesús se equipara a cualquier otra palabra. No le damos la primacía a un mensaje de salvación, a un mensaje que trae una buena noticia, sino que lo asumimos solamente como un consejo, sin ninguna intervención en nuestra propia vida.
Y la tercera situación puede darse cuando, recibiendo la Palabra de Dios, no la llevamos al corazón, sino que la dejamos solamente en el ámbito de la inteligencia y no la llevamos, por tanto, a la vida.
Por eso, un buen terreno de acogida de la Palabra del Señor, que es Cristo, es aquel que vive humildemente el Evangelio, que lo tiene como punto de confrontación de su vida y, sobre todo, que está dispuesto a hacerlo vida en las obras cotidianas.
Preparemos un buen terreno. Dejemos que Cristo, Palabra viva, entre en nuestros corazones.
Que el Señor los bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
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