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Meditación del día 10 de julio

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Mateo 10,16-23

Jesús dijo a sus apóstoles:
“Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.”

Ovejas en medio de lobos

1) Astutos: “Si alguien se afana por alguna preocupación de la vida, dese una vuelta por el cementerio” así decía algún amigo cura por ahí. Es el mejor paseo que ubica a los patitos de la cabeza. Porque cuando uno ve la lápida y gente rica, gente pobre, gente reconocida y gente que nadie sabe, uno ahí ve que la vida es un guión entre dos fechas. Ahí es donde uno dice “¿De verdad me preocupo por esta tontera?” Ahí te das cuenta que no tenés que preocuparte por el rayón que tiene tu vehículo o por qué no tenés el último TV plasma. Esto nos permite no solo soportar el viaje de nuestra vida, sino también disfrutarlo. Acordate que nuestro dolor tiene un propósito y un sentido, Dios nos regala este alerta de spoiler.

2) Azotarán: Cuando una mamá toma de rehén a su hijo y no lo deja madurar y el hijo, cada vez que quiere hacer algo, tiene que remitirse a su mamá o a su papá, y ya tiene 30 o 40 años y lo tiene como rehén mental o emocional, no es sano. Ese hombre o esa mujer nunca tendrán individualidad o personalidad. Por eso su apego no será normal, no va a ser saludable, sería que tiene que “amar a su secuestradora o secuestrador” un estilo al síndrome de Estocolmo. No hay nada más “azotante” que tener prisionero o rehén emocional a mi esposo, a mi esposa o a mis hijos y no dejarlos salir, controlar por el celular donde están y viendo hasta último horario el estado de conexión que tienen. Eso no es saludable. Dios nos separó de sí mismo para que individualmente lo eligiéramos. El objetivo de Dios es nuestro carácter, no nuestra inocencia, porque la inocencia significa que todavía no hicimos nada malo, pero el carácter es que yo decido y que yo ya sé lo que debo y lo que no debo hacer. Los bebés son inocentes y los santos tienen carácter, por eso los adultos de carácter sólido y maduro pueden generar una relación sana tanto con Dios como con los demás.

3) Persigan: Hay veces que nos permitimos cualquier licencia de murmuración y comentarios disfrazados de “celo santo” o “de corrección fraterna”, porque se nos da la regalada gana, a fin de convertir a la gente en “los otros”, “en los demás”, “en los del otro lado”, “en la secta” o hasta incluso “en los cismáticos”. Creo que en estos 14 años de cura estoy aprendido a llorar con los que piensan distinto y a ofrecer menos consejos si no me lo piden, porque no me toca convencer a los demás que están equivocados y que yo soy el que está en lo correcto. No por ser el cura del pueblo siempre tengo la razón de todo. Yo no soy el Espíritu Santo y no tengo la última palabra. A veces somos tan soberbios que creemos que “Yo voy a cambiar tu vida” o “A mí me toca convertirlo”. En eso hasta somos groseros de decir “Yo tengo que salvar su alma”. Nosotros estamos invitados a amar y mostrar la misericordia de Dios en nosotros, y desde nosotros a los demás. Lo demás lo obra Dios en su Espíritu. Algo bueno está por venir.


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