Evangelio según san Mateo 10, 7-15
Jesús dijo a sus apóstoles:
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.”
No lleven encima oro ni plata, ni monedas,
ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.
Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.
Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.
Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.
Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.
Proclamen
1) Curen: Los cristianos creemos que el estrés, la ansiedad o la depresión son problemas que se arreglan con una oración rápida o con una visita al Santísimo. Hay un respetado psiquiatra católico que dijo “Nuestro mayor problema es que pusimos a las enfermedades mentales en las categorías de las luchas espirituales”. Uno no tendría que poner una enfermedad del corazón en la categorías de las luchas espirituales. Siempre ocultamos la depresión o la ansiedad. Es como que nos da vergüenza. Pero es importante dejarse ayudar y poder ver el todo de nuestro caminar hacia Dios, comprendiendo que hay cosas que sí debo orar, pero también dejarme ayudar.
2) Muertos: Hace 1600 años un hombre brillante escribió “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestros corazones no descansan hasta llegar a ti”. Su nombre era Agustín y era de Hipona. Su historia es la nuestra ya que Agustín buscó su identidad exactamente donde la cultura nos enseña a buscarla: en el placer, en los logros y en los deseos. Agustín llegó a ser el mejor orador del imperio romano, tenía los puestos más altos de su época, dinero y mujeres, pero, con todo eso, seguía vacío. Escribió “aminaba en tinieblas y te buscaba fuera de mi”. Sentir algo con intensidad no significa que eso te define. Ningún deseo por profundo que sea tiene la autoridad de decirte quién eres en la última instancia. Esa autoridad le pertenece a quien te creó. Tu identidad no se creó ni cuando naciste, ni cuando triunfaste, ni cuando fallaste, sino cuando Dios te pensó. Agustín soltó el yo que había construido con tanto esfuerzo durante 30 años y, al soltarlo, se encontró con el auténtico Agustín y no al que se había inventado. Por lo tanto, la identidad que andas buscando no está en tus logros ni en tus deseos, ni en las etiquetas que el mundo te pone, está en quien te hizo.
3) Gratuitamente: En el ajedrez no se habla nunca. Jamás un jugador anticipa la próxima jugada porque el otro le puede ganar. Ambos están en silencio y en el único momento que se habla es para decir “jaque mate”. En mi caso aprendí con mucho dolor que hay que comprar en silencio, ahorrar en silencio y, eso sí, después inaugurar públicamente con toda la fiesta que quieras. Por eso, aprende a solo hablar en tu jaque mate. No cuentes tus sueños, no cuentes tus proyectos, porque cuando cuentas lo que vas a hacer van a odiar tu túnica de colores, como le pasó a José del Antiguo Testamento. Te van a vender, te van a hacer esclavo, te van a tirar. Creo que la mayoría de los dolores que yo he pasado en estos años fue por contar lo que iba a hacer, porque cuando uno cuenta lo que se le puede venir, se le vienen las envidias, Porque uno cree que todos se van a alegrar con nosotros y no, no todos ríen con los que ríen. Me animo a decirte que la gente está más dispuesta a llorar con los que lloran que a reír con los que ríen. Cuida tu corazón, cuida tu interior y cuida tu silencio. Algo bueno está por venir.
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