Patrono de enfermos y precursor de la Cruz Roja
Hoy, la iglesia celebra la fiesta de san Camilo de Lelis
Nació en Abruzzo, Italia, en 1550, su madre tenía cerca de 60 años y este hecho fue considerado como un milagro. Siguió la carrera militar, igual que su padre. Le apareció una llaga en un pie, que lo hizo dejar la carrera de las armas e irse al hospital de Santiago en Roma para que lo curaran. En el hospital, se dedicó a ayudar y atender a otros enfermos, mientras aguardaba su propia curación. Pero en esa época adquirió el vicio del juego. Fue expulsado del hospital y en Nápoles perdió todos los ahorros en el juego, quedando en la miseria.
Tiempo atrás, en un naufragio, había hecho la promesa de hacerse religioso franciscano, pero no lo había cumplido. Estando en la más completa pobreza, se ofreció como obrero y mensajero en un convento de los Padres Capuchinos, donde escuchó una conversación espiritual que el padre superior le hacía a los obreros, y sintió fuertemente la llamada de Dios a su conversión. Empezó a llorar y pidió perdón por sus pecados, con la firme resolución de cambiar su forma de actuar por completo. Tenía 25 años.
Pidió ser admitido como franciscano, pero en el convento se le abrió de nuevo la llaga en el pie y fue despedido. Se fue al hospital, se curó y logró ingresar como aspirante capuchino. Pero en el noviciado apareció de nuevo la llaga y tuvo que irse de allí también.
De nuevo en el hospital de Santiago, se dedicó a atender a los demás enfermos, por lo que es nombrado asistente general del hospital.
A los 32 años ingresó al Colegio Romano de los Jesuitas, donde progresó rápidamente en los estudios. Fue ordenado sacerdote en 1584 en la Basílica de San Juan de Letrán.
Dirigido espiritualmente por san Felipe Neri, se dice que con el acompañamiento de su guía espiritual, Camilo suavizó su carácter rudo. Con los franciscanos aprendió la humildad, con los Capuchinos el amor al sacrificio y con los Jesuitas aprendió la fuerte exigencia espiritual.
No solo rezaba el rosario diariamente, sino que animaba a que otros lo hicieran. Celebraba misa todos los días, algo que no era usual en ese tiempo, y tenía gran devoción por la Eucaristía.
Se dió cuenta que ante la gran cantidad de peregrinos que llegaban a Roma, los hospitales eran incapaces de atender bien a los enfermos. Fue entonces que decidió fundar una comunidad de religiosos que se dedicaran por completo a los hospitales.”Los Siervos de los enfermos”, ahora se llaman Padres Camilos”, crecieron en comunidad y Camilo decidió enviar a algunos de ellos a servir como enfermos de guerra en los campos de batalla.
Cuando la mamá de Camilo estaba embarazada soñó que su hijo encabezaba a un grupo en el que todos llevaban una cruz roja en el pecho, es así que 250 años antes del nacimiento de la Cruz Roja Internacional, la “cruz roja” de los hábitos de los hijos de san Camilo brilló por los campos de batalla como signo de fraternidad.
San Camilo trataba a cada enfermo como trataría a Nuestro Señor Jesucristo en persona. Aunque tuvo que soportar durante 36 años la llaga de su pie, nadie lo veía triste ni malhumorado.
Camilo profetizó que moriría en Roma en la fiesta de san Buenaventura y así sucedió el 14 de julio de 1614, a los 64 años.
El Papa Benedicto XIV lo beatificó en 1742 y lo proclamó santo el 29 de junio de 1746.
En el día de su fiesta, le rogamos a san Camilo su intercesión ante el Señor para que les brinde a más jóvenes en el mundo su misma tenacidad, perseverancia y vocación, para servir a nuestro Señor.
¡Porque hasta el Cielo no paramos!
Fuentes: aciprensa.com. corazones.org.