Por la señal de la Santa Cruz,
de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
El Rosario está centrado en el Crucifijo, que abre y cierra el proceso mismo de la oración. En Cristo se centra la vida y la oración de los creyentes. (Modafinil) Todo parte de Él, todo tiende hacia Él, todo, a través de Él, en el Espíritu Santo, llega al Padre. Siempre invocamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo con la señal de la cruz.
Comienzo
Hay varios modos de comenzar el Rosario. Se puede iniciar con la invocación del Salmo 69: “Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme”, o bien recitando el Credo, haciendo nuestra profesión de fe, o puede rezarse una oración de arrepentimiento, como el ‘Pésame’ o ‘Yo confieso’.
Enunciado del Misterio
Enunciamos el misterio, y para dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación, se puede leer el pasaje bíblico correspondiente, aunque sea de forma breve. Luego hacemos un momento de silencio antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado.