Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén
Después del enunciado del Misterio y del Padrenuestro rezamos diez ‘Ave María’.
La primera parte del‘Ave María’, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. “Dios te salve, María (Alégrate, María)”. El saludo del ángel Gabriel abre la oración del Avemaría. Es Dios mismo quien por mediación de su ángel, saluda a María. Repetir en el Rosario el ‘Ave María’ nos acerca al misterio de la encarnación del Hijo en el seno virginal de María: es júbilo, asombro y reconocimiento del milagro. Es el cumplimiento de la profecía de María: “Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada”. (Lc1, 48).
El centro del ‘Ave María’, es el nombre de ‘Jesús’. Repetir el nombre de Jesús – el único nombre del cual podemos esperar la salvación (cf. Hch 4, 12) – junto con el de su Madre Santísima, aspira a hacernos entrar cada vez más profundamente en la vida de Cristo.
En la segunda parte de la oración nos dirigimos a Ella, confiando a su materna intercesión nuestra vida y la hora de nuestra muerte. Porque María nos da a Jesús, su hijo, ella es Madre de Dios y Madre nuestra y podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones.
c.f. Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae” sobre el Santo Rosario de San Juan Pablo II. 16 octubre del año 2002 – Nº 33
Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2674-2677
