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Meditación del día 20 de mayo

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Juan 17, 11b-19

Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
“Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.”

Que sean uno 

1) Cuida: Me recuerdo a lo de Mateo, cuando habla del trigo y la cizaña, en donde dice que cuando la cizaña brotó, en medio del trigo, los siervos le preguntaron: “Señor, ¿no sembraste buena semilla?” El Señor dijo: “eso lo hizo un enemigo”. El señor dijo: “no corten la cizaña porque pueden cortar el trigo, dejen que ambos crezcan juntos”. Porque puede que por darle con la doctrina a alguien lastimemos un trigo. Porque nos puede parecer una cizaña porque no comparto lo que piensa.  Esto nos pasa como Iglesia en donde, por querer marcar terreno, terminamos corriendo a los propios creyentes. Hoy Jesús nos vuelve a pedir unidad, ya pasaron más de 2000 años y seguimos peleando o mostrando diferencias más que unidad en la fe.

2) Protegía: Una de las preguntas más importantes que uno debe hacerse en su vida es: “¿soy quien quiero ser”? Porque en esta vida que nos cuesta el camino de la felicidad, que alguien tenga la capacidad de mirar hacia adentro, sin sentir vergüenza de lo que encuentra, es un gran logro de trabajar en su interior. No dejes de mirarte porque hay un Dios que te acompaña y como diría san Agustín: “nos hiciste Señor para ti y nuestros corazones no descansan hasta llegar a ti”.

3) Preserves: Siempre le pido a Dios que me saque el legalismo y el fariseo que habita en mí, voy aprendiendo a escuchar más a la gente sin reparo, sin juzgar. Hasta creo que cada vez ofrezco menos consejos, porque ya no los ofrezco hasta que me lo pidan, porque voy aprendiendo con los años que no me toca a mí convencer a los demás de que ellos están equivocados y yo en lo correcto. No es tarea tuya ni mía cambiar de vida a nadie, porque ni vos ni yo somos el Espíritu Santo. Aprendí en estos años de ser sacerdote que uno puede ser arrogante porque nos creemos hasta dueños de la verdad. Conocemos a una pareja que está junta sin casarse o alguien que hizo algo mal y lo primero que hacemos es decirle lo que Dios piensa. Y siempre hablamos del pecado olvidándonos de hablar de lo primero que es: “ámense los unos a los otros”. En lugar de hablar del amor hablamos de lo que no puede, en vez de hablar de la gracia hablamos del pecado, en vez de hablar de la misericordia hablamos del infierno. Es como que nos hemos detenido a hablar mucho de la condena más que del cielo. Hasta a mí me molesta que hablen de mi vida personal, cuando la gente me dice: “no deberías hablar así, debes vestirte así, como cura no deberías actuar así, etc”. Cuando el pecado se vuelve más importante que el pecador es que estamos olvidando lo que sucedió en la resurrección. No podemos simular amor en la Iglesia, no podemos tener el síndrome de vendedor de comercio, porque el vendedor no te quiere ayudar, sino que te quiere vender. Porque la gente sabe cuando no es amada, sino que quieren vender el evangelio, y eso es manipulación e hipocresía. Por eso, en este camino a Pentecostés, pedí a Dios que te haga recordar el amor que nos tiene y que nos quite las ganas de juzgar, como Iglesia a los demás, y que nos ayude a recordar que somos una Iglesia que acompaña a los que son juzgados por los demás. Algo bueno está por venir.


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