Hoy 27 de junio, la Iglesia celebra a María en la fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Patrona de los padres Redentoristas.
Su imagen se encuentra en la iglesia de san Alfonso, en Roma, Italia. La misma, representa el cuidado de la Virgen hacia Jesús, desde el momento de su concepción hasta su muerte. Es una imagen bizantina, notable por su belleza y su poder evocador. La Virgen aparece en posición frontal, con una mirada de compasión y ternura. Mientras que el niño Jesús se aferra a su Madre con un gesto de protección. Mira sobre su hombro a uno de los dos arcángeles que le muestran los instrumentos de su futura Pasión. Los arcángeles son Gabriel y Miguel. El Niño se agarra fuerte con las dos manos de su Madre Santísima, quien los sostiene en brazos. La cabeza de María toca suavemente a la de su Hijo, porque es nuestra Madre del Perpetuo Socorro.
La imagen llegó a Roma, desde Creta, Grecia, en el siglo XV. Durante muchos años estuvo expuesta en la iglesia de san Mateo, con fama de milagrosa. Con la llegada de las tropas de Napoleón a esa ciudad en 1789, la iglesia de san Mateo fue destruida, así como otras tantas iglesias. El ícono pasó a una capilla de los padres agustinos.
En 1855, los redentoristas compraron el terreno donde estaba la antigua iglesia de san Mateo, cerca de Santa María la Mayor, y construyeron una iglesia a la que llamaron de san Alfonso. No tardaron en llegar rumores de que allí había estado expuesta una imagen milagrosa de la Virgen del Perpetuo Socorro. En ese momento estaba en manos de los agustinos, quienes cuando supieron la historia, devolvieron el ícono de donde originariamente provenía, su antigua morada.
Desde entonces, esta imagen se ha consolidado como símbolo universal de fe. La iglesia de san Alfonso, hoy santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, sigue siendo un lugar de encuentro espiritual, donde los fieles buscan consuelo y fortaleza.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, queremos pronunciar tu bendito nombre con amor, porque al pronunciarlo, nos recuerda que siempre debemos acudir a vos. Porque algo bueno está por venir.