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La Iglesia y la nueva era

por Pbro. Luis A. Zazano
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La Iglesia recomienda siempre la lectura de la Palabra de Dios como fuente de la oración cristiana

En estos últimos tiempos hemos encontrado una mezcla de cosas que no son parte de nuestra religiosidad. Han surgido elementos de otras culturas y de otra religión que se han metido en nuestra religión católica, deformando incluso el misterio pascual.

Basta ir hoy a una santería para ver cómo se encuentra entre los santos de nuestra iglesia con imágenes de buda o incluso de ciertas velas de color para prenderse ante cierta necesidad.

En esto los pastores debemos proteger y cuidar a nuestro rebaño ya que hay ciertos lobos que hoy se nos presentan que atacan de manera sutil, confundiendo el camino. También es necesario formar a nuestros laicos ante los peligros que hoy se presentan en nuestra vida cristiana, para ello debemos forjar más la espiritualidad de nuestros laicos y unido a ello fortalecer la espiritualidad.

Creo que si algo ha permitido que se insertara en nuestra gente la corriente oriental, es la falta de espiritualidad que no supimos presentar. Pero veamos y hagamos ver que nuestra Madre Iglesia tiene una gran riqueza de espiritualidad, pongámonos a ver solamente la espiritualidad monástica como así también de todas aquellas que surgieron en los últimos tiempos.

Muchos hoy recurren a tipos de meditaciones o acciones orientales como un motivo terapéutico, pero reconozcamos que también se busca una calma psíquica y espiritual a este ritmo acelerado que tenemos en este mundo, en uso terapéutico no podemos entrar pero si nos podemos detener cuando una persona busca métodos de oración y una filosofía ajena a lo cristiano. Por ejemplo el yoga como ejercicio puede ayudar en lo psíquico y físico, tomado como terapia, pero ya introducirse en la filosofía del yoga y adentrarse a usar métodos orantes desde allí, puede complicarte y  hasta incluso marear tu visión y postura. Es por ello que uno ante esto debe enriquecerse con elementos y riquezas que ya existen en nuestra Iglesia y que se las desconoce.

La oración cristiana expresa la comunión de todos nosotros con la vida íntima de las Personas trinitarias. En esta comunión que se funda en el bautismo y en la Eucaristía, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, se encuentra contenida una actitud de conversión, un salir del yo hacia el tú de Dios. La oración cristiana es siempre auténticamente personal, individual y al mismo tiempo comunitaria.  En la Iglesia, la búsqueda legítima de nuevos métodos de meditación deberá siempre tener presente que el encuentro de dos libertades, la infinita de Dios con la finita del hombre, es esencial para una oración auténticamente cristiana.

La Oración Cristiana

Ya en el Antiguo testamento encontramos un montón de formas, pero la que conocemos por excelencia son el libro de los Salmos, ellos narran las obras de Dios con el pueblo elegido. Israel medita, contempla y hace de nuevo presente las maravillas de Dios, recordándolas a través de la oración. En el nuevo testamento la fe reconoce en Jesucristo la definitiva autorrevelación de Dios. El Espíritu Santo hace penetrar en estas profundidades de Dios (1 Cor 12) es el mismo Espíritu quien nos mueve y nos ilumina.  Existe por tanto una estrecha relación entre la revelación y la oración. La constitución Dogmática Dei Verbum nos enseña que Dios invisible movido por el amor habla a los hombres como amigos y los recibe en su compañía (DV 4). 

Por ello la Iglesia recomienda siempre la lectura de la Palabra de Dios como fuente de la oración cristiana, al mismo tiempo exhorta a descubrir el sentido profundo de la Sagrada Escritura mediante la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras.

La oración de Jesús, el Padre Nuestro, ha sido entregado a la Iglesia para que sea rezada en comunidad, por ello lo rezamos siempre en misa como también de manera individual.  Por tanto debe realizarse siempre con el espíritu autentico de ser iglesia en oración; el cristiano también cuando está solo y ora en secreto, tiene la convicción de rezar siempre en unión con Cristo, en el Espíritu Santo, junto con todos los santos para el bien de la Iglesia.

Modos erróneos de hacer oración:

En los primeros siglos se insinuaron en la iglesia modos erróneos de hacer oración,  como para meternos en la historia te menciono dos: los pseudognosis y los mesalianismos. Ambos lo encontramos en la nueva era.

·       Los pseudognosis dirán que el cuerpo y lo material es malo, hay gente de mala onda o de buena onda, cada persona genera esa onda. Los sucesores de los apóstoles tuvieron que aclarar que la materia es creada por Dios y que como tal no es mala, además la gracia no es algo que tiene el alma de cada uno sino que debe implorarse a Dios como don.

·       El mesalianismo dirá que la perfección cristiana pasa por la experiencia sensible con lo divino. Identifica a la gracia como experiencia psicológica de su presencia en el alma.

Ante esto podemos decir que la unión del alma orante con Dios tiene su lugar en el misterio, los sacramentos ayudan en la relación que cada uno tiene con Dios. Uno puede lograr tener experiencia en la oración pero puede ser de consolación como así también de desolación.  Y cuando tengas desolación no significa que el Espíritu abandonó tu alma.

Ambas corrientes vuelven a dar vuelta en el cristiano de hoy como en el siglo IV, hoy toca a muchos y los toman como remedio psicológico o espiritual y como rápido procedimiento para encontrar a Dios.

Algunos utilizan métodos orientales con el único fin de conseguir la preparación psicofísica para una contemplación realmente cristiana, otros van más allá y buscan originar con diversas técnicas experiencias espirituales análogas a  las que se mencionan en los escritos de ciertos místicos católicos como ser San Juan de la Cruz o Teresa de Ávila.  Otros incluso no temen colocar aquel absoluto sin imágenes y conceptos, propio de la teoría budista, en el plano de  Cristo. Es por eso que ante esto, debemos ser cautelosos y saber discernir en cuanto los contenidos y los métodos para evitar caer en un sincretismo (todo es Dios).

El Camino Cristiano de la unión con Dios.

La unión más estrecha e íntima es hacer la voluntad de Dios, es por ello que para ir conociendo ese camino que Dios te propone es construir día a día ese dialogo con Dios en el silencio y en la soledad. Toda oración contemplativa cristiana remite constantemente al amor del prójimo, a la acción y a la pasión, y precisamente de esa manera, acerca más a Dios y una relación profunda.  El hombre es imagen y semejanza de Dios,  por lo que el hombre tiene una chispa de Dios, el cristiano al recibir al Espíritu Santo glorifica al Padre y participa realmente en la vida trinitaria de Dios. No es tan sólo contemplar a Dios sino más bien es dejarse contemplar por Dios.

Cuestiones de método:

La mayor parte de las grandes religiones que han buscado la unión con Dios en la oración, han indicado también caminos para conseguirla. La iglesia toma lo que es útil para nuestra fe y nuestro diálogo con Dios a condición de no perder nunca de vista la concepción cristiana de la oración, su lógica y su exigencia. Recordemos que los monjes del desierto nos hablan de un proceso que la persona ha de vivir en la vida orante: la purificación, la iluminación y la unión.

La búsqueda de oración va acompañada de privaciones y de luchas, a esto habla san Pablo cuando hace mortificación. Es vaciar de si para llenarse de la riqueza divina, por ello debe renunciar a su propio egoísmo y sensibilidad. Como diría San Agustín, debes abandonar el mundo exterior y entrar en ti mismo. La iluminación es la gracia que recibís en la Eucaristía y en el bautismo, esto ayuda a aclarar el misterio de la Vida. Que todo esto lo lleva a una unión más íntima con Él. El cristiano para vivir este proceso debe buscar momentos de soledad y de interioridad.

El amor de dios es una realidad, de la cual no se puede apropiar con ningún método o técnica, sino que debemos tener la mirada siempre fija en Jesucristo, ese amor que él nos tiene nos lleva a contemplar incluso el misterio de la cruz. Debemos dejar que Dios nos guie e ilumine pero no podemos intentar ponernos al nivel del objeto contemplado que es un poco a lo que nos quiere llevar la New Age.  Cuanto más se le concede a una criatura acercarse a Dios, tanto más crece en ella la reverencia delante del Dios tres veces Santo. Se comprende entonces la palabra de san Agustín ¨tu puedes llamarme amigo, yo me reconozco siervo¨

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